Sistema
The Walking Dead RPG
Intérprete
anónimo
Crónicas
0
Caleb nació poco antes de que el mundo se empezara derrumbar por la infección. Sus primeros recuerdos no son de colegios ni parques, sino de refugios improvisados y susurros constantes sobre “los infectados”. Su infancia fue inexistente.
Creció junto a su hermana mayor, Clara, quien se convirtió en su figura más importante. Ella le enseñó a leer usando viejos cómics encontrados entre escombros, a no hacer ruido al caminar, y a encontrar pequeñas razones para seguir adelante. Para Caleb, Clara no solo era su hermana: era su hogar.
Durante años sobrevivieron moviéndose entre zonas seguras y edificios abandonados, evitando tanto a los infectados como a otros humanos. Clara siempre insistía en mantener algo de humanidad: celebrar cumpleaños aunque no hubiera comida especial, contar historias antes de dormir, o simplemente reírse en voz baja.
Todo cambió cuando su pequeño grupo fue atacado durante un traslado. No fueron los infectados, sino otros supervivientes. Caleb no entendió del todo lo que pasó; solo recuerda gritos, disparos… y perder a Clara en medio del caos. Nunca encontró su cuerpo, lo que dejó en él una herida abierta: no sabe si está muerta o si, en algún lugar, sigue viva. Desde entonces, Caleb vaga solo.
Al principio estuvo paralizado por el miedo, pero poco a poco comenzó a aplicar todo lo que Clara le enseñó. Aprendió a esconderse, a moverse sin hacer ruido y a buscar suministros. Sin embargo, lo que nunca logró recuperar fue la sensación de pertenecer a alguien.
Meses después, encontró a Lucy en un centro comercial abandonado. Ella representaba algo que Mateo creía perdido: la posibilidad de volver a ser niño. Juntos compartieron un breve respiro de normalidad: juegos, risas, momentos absurdos en medio del desastre.
Pero ese momento terminó como todo en ese mundo: de forma brutal.
Tras el encuentro con los infectados y la herida de Lucy, Caleb se enfrentó a una decisión imposible: aferrarse a una esperanza casi inexistente o aceptar la realidad. Esa noche marcó un antes y un después en él. Ya no era solo un niño que sobrevivía; era alguien que entendía el costo emocional de seguir vivo.
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.