Canción de Hielo y Fuego · Daenyra Targaryen
Caos en la corte
Los gritos de dolor de Aemond llenaban el lugar, Alicent dio una bofetada a Lucerys y le quitó la daga, temí por que fuese a dañar a mi hermano, pero se giró y fue hacia mi madre mientras vociferaba, como no, culpándola de todo. Kaith se puso en medio, Zakar apartó a mi madre posicionándola tras de él. Rápida me acerqué y sujeté del brazo a Alicent despojándola de la daga. No iba a permitir que dañase a nadie de mi familia, menos aun tras ver a mi hermano Lucerys turbado después de lo sucedido.
Renash llegó, cruzó las puertas y vi como observaba la situación, reparando en la daga que sujetaba en mi mano. Preguntó sobre lo que estaba sucediendo, se acercó protector a Lucerys, preguntándole a este por lo que acababa de pasar.
Vi como su mirada se posó sobre nuestra hermana Aelys y nuestro tío Aemond. Estaba claro que ambos se habían casado bajo el rito Valyrio. Ahí fue cuando vi su cambio, como se tensaba, como miraba con rabia y desconcierto a mi hermana. Me miró a mi, a mi madre, estaba segura de que no daba crédito a lo que acababa de ver, creo que ninguno aun habíamos asimilado aquella unión.
Preguntó hacia Aelys acerca de las señales del rito del matrimonio Valyrio sobre ella y Aemond, pero nuestra hermana no le respondió, se centró en pedir a Daenkiel que ayudase a Aemond, el cual parecía tener suficiente buena salud como para amenazar a Lucerys.
Vi la sonrisa en el rostro de Renash y tras que le preguntase a Aemond sobre a quién iba a matar, mi abuelo alzó la voz para decir que ya era suficiente.
La mirada de asco que Alicent me dirigió no me pasó por alto, me dieron ganas de darle una bofetada, una que le hiciese sangrar la boca por haberle reventado el carrillo contra los dientes. Pero me contuve, no lo hice. Se dirigió a mi madre con más quejas, mi madre le respondió, Renash la mandó a callar repitiendo lo dicho por el abuelo. Aemond siguió con amenazas hacia Renash, por el simple hecho de mandarla a callar, tras que intentase manipular a nuestro abuelo. Pobre de Aemond como toque un solo pelo de la cabeza de mi Renash. Aun con la daga de Lucerys en mano y ante las amenazas de Aemond, me acerqué a Renash por si acaso intentaba algo a pesar de su herida, se que él solo se basta de sobra, pero si intentaba algo, lo siento por mi hermana, pero no iba a quedarme quieta.
Mi abuelo, el Rey, volvió a hablar. Dejó claro como Aelys y Aemond le habían decepcionado, pues mi hermana rompió el compromiso que tenía con ese Lord Mormont. Indicó a mi hermana que se quedaría a vivir en la Fortaleza Roja y que todos partiríamos a Rocadragón, menos yo.
Pregunté el motivo. Mi abuelo alegó que sería yo quien se casase con el futuro Lord de la casa Mormont. Mi sangre se heló, no daba crédito, mi hermana me había condenado a mi a ir con esa familia de la que nada quería saber. Renash no tardó en dejar claro que yo era su prometida. Mientras él hablaba el abuelo le interrumpió dejando claro que se haría lo que él decía.
Me aferré al brazo de Renash, como bien él había dicho estábamos prometidos y yo me negaba a ir al norte a ser la mujer de ese Mormont. ¿Cómo iba a ser yo quien se casase con aquel que había echado de su casa a Edrik? ¿con quien le despojó del título de caballero de su casa, dejándolo sin nada?. No, eso no iba a suceder, si me tenía que casar con alguien de entre todo el reino, sería con Renash, con nadie más.
Recordé a mi abuelo que Kaith estaba libre de compromiso, pero mi abuelo parecía tener claro que no era el "destino correcto" para ella.
Mientras eso sucedía, sacaban del lugar a Aemond, le iban a tratar esa herida. Aelys le acompañó. Helaena estaba ante mi, estaba temblando, rompió a llorar en silencio y le tendí una mano para intentar reconfortarla, ella nunca había tenido una mala palabra hacia mi familia y la habían prometido con Aegon en lugar de con mi hermano Jacaerys, sin duda le esperaba una vida difícil.
Me habló de un ratón que aparecía, que mordía un queso tres veces en la madrugada antes de irse. Le pregunté sobre qué era lo que quería decir, pero se limitó a repetir aquello. Al ver que no tomaba mi mano la retiré despacio.
Cuando Aelys pasó hacia la salida con Aemond, creo que dijo algo a Renash, pues este, sin dejar de mirar hacia nuestro abuelo, dejó una amenaza sobre su marido y la lengua tan larga que tenía, comentando luego algo sobre la inteligencia y subestimar a la gente.
Mi otra hermana, mi melliza Kaith, empezó a hablar hacia el abuelo sobre las habladurías hacia ella. Repitiéndole sobre mi compromiso con Renash. Comentándole sobre qué podrían pensar los Mormont si llega a sus oídos la ruptura de otro compromiso. El abuelo no la entendió bien y seguía dispuesto a mandarme a mi.
Intercedí, no podía quedarme callada. Le expliqué que eso no era así, que mi hermana se refería a la mala imagen que podríamos dar al romper la palabra de mi madre al anunciar nuestro compromiso ante la representante de la casa Mormont. Kaithlys volvió a hablar, haciendo varios alegatos pidió por favor a nuestro abuelo que no me eligiese a mi para ese matrimonio. Me sorprendió escuchar la respuesta del abuelo, de que no mandaría a ninguna al norte, pero que seríamos responsables de las consecuencias. Kaith volvió a hablar hacia él al respecto, dijo de intentarlo, de ir ella. Apoyé sus palabras, dejé claro que si los Mormont, que son quienes pidieron la unión de una de nosotras, con su futuro Lord, rechazaban a mi hermana, lo podíamos tomar de igual modo como una ofensa tras haber accedido a su petición, enviando a mi hermana.
En el fondo, deseo que mi hermana sea aceptada, que ese futuro señor de la casa Mormont fuese digno de ella, que fuese apuesto y se enamorase de él. Sabía que si Kaith estaba en el norte, al menos ella estaría a salvo de esta familia de locos, del veneno de los verdes, pues cada vez habían más rencillas y sabía que llegaría el día en que las manos acabarían tomando acción, llevando todo a la perdición.
El abuelo aceptó, me pidió que escribiese dos cartas, la de la noticia de que Kaith era la elegida y la que respondía a la ofensa, en caso de que no. Indudablemente acepté escribirlas. La pena inundó mi pecho, pues la mitad de mi, se iría al norte, sabía que no la perdía, pero no estaría en la habitación de al lado, no podría abrazarla cada que quisiese o lo necesitase, no volvería a peinar mi cabello mientras charlábamos, ni volvería a tener otras tantas cosas más que ella me aportaba. Me apresuré a ir hacia ella y la abracé con todas mis fuerzas viendo como rompía a llorar mientras mis ojos contenían las lágrimas.
Tras el abrazo Kaith volvió a mirar hacia el abuelo, preguntando si era ahora cuando debíamos marchar del salón del trono. Un ruido raro que provenía de detrás, por mi izquierda reclamó mi atención, me giré y miré horrorizada como ser Harwin Strong había sido herido por Aegon, este clavó una daga en la mandíbula del caballero hacia arriba. Tras que sacase la daga me apresuré hacia ser Harwin, llamé loco a mi tío e intenté parar el sangrado, pero era imposible, la sangre se escapaba por todas partes. En mi mente no dejaba de repetirme que no, que eso no podía estar pasando, pero si, había pasado y cada vez perdía más sangre, terminando finalmente por ser la vida lo que perdió. Rhaemond reprendió a Aegon, mi abuelo también, o lo intentó pues como no Aegon le cortó diciendo que era lo que merecía o que si no, tal vez, él sería el muerto. Ojalá hubiese sido él.
Escuché como Daenkiel reclamó por sensatez, pidiendo que nadie más ejerciese la violencia. Daryl llamó insensato a Aegon, lo es, eso y mucho más, pero no eligió el mejor momento o lugar para decírselo, aunque lo entiendo.
Rodeé los hombros de mi hermana con un brazo, aun seguía manchada por toda la sangre que le salpicó cuando Lucerys le quitó el ojo a Aemond. Quería llevarla a la habitación y limpiarla mientras conversaba con ella. Era la segunda hermana a la que iba a retirar sangre de su cuerpo, pero por suerte, al igual que aquella vez anterior, no era sangre propia.
Mi abuelo reclamó que Daryl no saliese, vi como uno de los guardias, atendiendo la petición de mi abuelo, le detuvo. Al escuchar eso detuve el paso con Kaith, un poco apartadas, para saber por que mi abuelo había retenido a Daryl.
El Rey le recriminó como se dirigió a Aegon tras que este asesinase a sangre fría a Ser Harwin Strong. Pidió que se disculpase con este de forma formal ante más gente al día siguiente. Tras ello sentenció que marcharía de la Fotaleza Roja pero sin Robaovejas, añadiendo que no le mandaba al muro por lo que había hecho hasta la fecha por la familia.
Daryl le indicó que es un Velaryon, mi abuelo lo achacó de locura, pero Daryl le dijo que podía hablar con su padre, Lord Corlys. Rhaenys estaba presente en la conversación, dijo que no sería necesario hablar con su marido, pues llevaba una semana pidiéndole perdón y añadió que la intención de este, es que se le legitimice, añadiendo que ya no tenía hijos.Tras decir eso, Rhaenys nor miró a Kaith y a mi. Decidí interceder, también quería que legitimasen a Daryl así que liberé a mi hermana del abrazo y di unos pasos en dirección a mi abuelo.
Debo reconocer que tras todo lo sucedido, no ordené muy bien las palabras en mi mente y cometí un error al hablar, dando en cierto modo la razón de que no habían más Velaryon. Solo espero que en el estado de mi abuelo, se le olvide ese detalle, pues no le gustó escucharlo, como es de entender.
Mi abuelo no parecía estar muy a favor de legitimizar a Daryl tras que este añadiese algo más sobre mis tíos, debo reconocer que comparto su opinión, pero eso no lo dije en alta voz. Pedí a mi abuelo la posibilidad de decir algo más, tras que él añadiese que pensaría lo que hacer con Daryl.
Le hablé de la trampa en la que caímos y le recordé, o conté, pues no se hasta que punto él lo sabía, que si sus nietos seguíamos con vida, era por que Daryl fue capaz de crear el vínculo con Robaovejas.
Tras abandonar el salón del trono, topamos fuera con Zakar. Nada más salir me miró y me indicó de entrenar alegando que lo necesitaba y si, sí que lo necesitaba, pero antes quería hablar con él y limpiar la sangre del cuerpo de mi hermana, así que le pedí que pasase por mi habitación, ya que estaría allí atendiendo a Kaith. Tras esto, con demasiadas cosas en la cabeza, me percaté de un rostro desconocido, una mujer de cabello pelirrojo. Nos presentamos como era debido, era una Tyrell, Serenna Tyrell para ser exactos.
Conversamos un poco con ella, Kaith le preguntó si venía a ver al Rey, pero en ese momento, el abuelo no estaba para muchas visitas. Desconocía si él la esperaba o no, pero sin duda necesitaba un respiro. Entre su salud y lo ocurrido, era más que entendible. Nos comentó que esperaba que todos estuviesen bien, pero no, por desgracia para Ser Harwin Strong, aquello no había acabado nada bien, pero no me apetecía hablar sobre lo ocurrido, así que evadí un poco la conversación sobre ello.
Serenna se ofreció a acompañarme a llevar a Kaith a su habitación para que descansase, pero mi hermana negó su ayuda bromeando un poco con el hecho de poder mancharla de sangre, pues seguía manchada de esta.
Indiqué a Serenna, que si mi abuelo le estaba esperando, sería mejor que no le hiciese esperar, para que así pudiese descansar. No tardamos mucho más en poner camino a mi habitación.
Cuando subimos hacia donde estaban nuestras habitaciones, tras llegar a mi puerta, vimos a Daryl, Daenkiel y Maelle. Me acerqué un poco a ellos junto con Kaith, para preguntarles si alguno sabía sobre la hora del entierro de Ser Harwin, quería asistir a su funeral y presentarle mis respetos. Daenkiel me indico que si, que se concretaría esa noche donde y a qué hora se llevaría a cabo. Le pedí por favor que enviasen algún guardia a avisarme una vez se concretase y Daenkiel me afirmó que así se haría.
Kaith se dirigió a Daryl, hablándole sobre que le habían dado una segunda oportunidad y que no cayese en lo mismo. Él alegó que no necesitaba segundas oportunidades de quien no tenía honor, eso me dejó desconcertada, así que le pregunté al respecto. Daenkiel rápido se disculpó por él añadiendo que le dolía el costado por el empujón recibido. Añadí que si Daryl decía aquello por mi abuelo, le recordé el estado de salud de mi abuelo, que el humor cambia cuando alguien no se encuentra bien, que entre eso, su edad y lo sucedido en el trono, era normal que estuviese disgustado. Daryl añadió que también era por mi tío. Estaba claro que se refería a Aegon. No quería hablar de él, estaba muy enfadada por lo que había hecho, así que me limité a decirle que mi tío era bastante especial. Kaith afirmó que no era el único que pensaba aquello, pues todos habíamos visto lo que había sucedido. Daryl añadió algo más. Dijo estar contento de que no todo en la familia Targaryen, era deshonor. Le respondí que esperaba que esa parte que mencionaba, prevaleciese y entonces aclaró que era yo la única que parecía no tener deshonor de toda mi familia. Agradecí sus palabras, pero yo solo hacía lo que creía debía hacer, lo que se supone es correcto. Me disculpé con ellos pues Kaith aun seguía manchada con la sangre de nuestro tío y quería ayudarla a librarse de esta, así que tras despedirnos, ambas entramos en mi habitación.
Cuando Zakar llegó, ya estaba limpiando a Kaith. Le pregunté por el viaje a las islas del hierro. Nos contó sobre la comida, si se puede llamar así, que les sirvieron. Añadiendo que les sirvieron aquello por cuenta de las palabras de Daryl, de como se dirigió al Kraken Rojo y que Daryl, en respuesta ante tales platos, le amenazó con su dragón. No lo vi descabellado, entiendo perfectamente que él no esté acostumbrado a tratar con según que clase de personas y no vi descabellada la amenaza, tras aquel acto por parte del Kraken Rojo. Le vendrá bien también esa dosis de educación, al menos bajo mi punto de vista.
Tras hablar de aquello, fue inevitable no comentar un poco lo que había sucedido en el salón del trono. Zakar dijo que había sido un verdadero espectáculo y que todo el mundo, hizo lo que le dio la gana. Yo no quería pensar más en eso, así que no participe apenas en esa parte de la conversación. Kaith alegó que ella y yo, solo habíamos actuado conforme lo que era mejor para el reino, sin actuar de forma egoísta y que quería hablar con Aelys. Tras aquello, mi hermana pidió a Zakar que cuidase de mi cuando ella no esté. Zakar se lo afirmó, yo dejé el paño que había usado para limpiar la sangre a mi hermana, una vez acabado, a un lado.
Le dije que yo si actué con interés por que no me quería casar con el Lord Mormont. No podía ser yo quien se casase con él, tras haber echado de ese modo a Edrik y que ella tampoco debería ser quien se casase, pero que Aelys había elegido por ambas. Entendía que quisiese hablar con ella y no tenía problema con que lo hiciese, pero mi enfado para con nuestra hermana era demasiado grande. Había puesto a Aemond por encima de su familia, de sus propias hermanas e incluso llegó a tener el descaro de pedirme a mi, que fuese la que se casase con el futuro lord de la casa Mormont. Kaith como no, intentó hacerme cambiar de parecer, pero era algo que no iba a lograr, no podía perdonar aquello, aunque eso no quería decir que odiase a mi hermana o le desease algún mal.
Kaith contó que fueron a ver a Daeron, pero con quien se topó fue con Ormund. Mi hermana ahora es más que consciente por lo que nos dijo, de como esa familia haría lo que fuese necesario para pisotearnos, a mi me quedó claro mucho antes con Otto y las palabras de nuestros tíos y así se lo indiqué.
Dejé claro que no odiaba a Aelys ni era mi enemiga, que seguía siendo mi hermana, pero que estaba enfadada con su modo de proceder. Aproveché a contarles a ella y Zakar que Edrik me pidió que marchase con él para empezar una vida juntos, pero le dije que no podía, de modo que a diferencia de nuestra hermana, elegí a nuestra familia.
Recordar lo sucedido ese día, hizo que volviese a doler, de modo que indiqué a Aelys que podía ir a hablar con Aelys y a Zakar le dije que no iba a entrenar, alegando que tenía un par de cartas que escribir, pero en realidad quería quedarme sola. Sentí la mano de Zakar en mi hombro, alegando saber lo que había sacrificado y lo que seguramente me tocaría sacrificar. Me pidió que no mostrase debilidad en la corte pues eran un nido de buitres que intentarían sacarme las tripas. Asentí hacia él esperando que marchasen ambos, sentía el nudo en mi garganta y no quería que me viesen flaquear.
Kaith esperó a que Zakar se fuese, le indicó que marchase antes y cuando se marchó, ella me abrazó con fuerza hablándome al oído una vez más sobre sacrificios. Tras ello tomó mis manos, yo permanecía en silencio. Prometió escribirme, visitarme cuando ya no estuviésemos juntas y me pidió que no me pasase nada malo, que no quería tener que venir a verme para despedirse de ese modo. Sentí mi visión nublarse con lágrimas. El golpe que recibí en mi alma, al contar lo de Edrik, más las palabras de mi hermana, no ayudaban. Hablé como pude diciéndole que no se preocupase, que aun teníamos muchas veces que vernos y le pedí perdón por no ser yo quien se casase con el norteño. Kaith me dijo que no tenía que disculparme, que la culpa no era mía y que entre ambas, yo era capaz de continuar el legado y darle al reino como reina, lo que merecía. Le expliqué a mi hermana que lo que hacía, no era por el trono, si no por la familia.
Quien sería rey tras nuestra madre, sería Jacaerys y estaba segura, conociendo a mi hermano, de que sería un buen rey y que haría lo mejor por el reino. Así que con suerte, Renash y yo viviríamos en paz en Rocadragón, lejos de esa Fortaleza Roja, que tan poco me gusta. No le dije nada más a Kaith, necesitaba estar sola, me separé de ella queriendo indicárselo, se percató y sin decir más, se marchó de la habitación.
Cerré los ojos y las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Poco después, alguien parecía estar llamando a mi ventana. ¿Era cierto lo que acababa de escuchar?
Limpié mis lágrimas con presteza y extrañada me acerqué abriendo la ventana, resultó no ser más que un pájaro picando en esta, una maldita urraca para ser más exacta. Me sentí idiota. Completamente idiota. Una pequeña esperanza nació en el fondo de mi ser cuando escuché ese ruido. No se por que si le vi marchar aquella madrugada, no quiso esperar un poco, no pareció importarle que el propio Renash me brindase su ayuda si era lo que verdaderamente quería. Una vez que le dije que no podía marcharme sin más, abandonando a mi familia, montó en su caballo y no se giró en ningún momento. Me dije aquella madrugada que iba a olvidarle, pero ahí seguía yo, aun asomada en la ventana donde pensé que podía ser él quien había llamado. Sentí mis ojos arder por el llanto, mis piernas flaquearon haciendo que acabase acuclillada en el suelo, llorando como una idiota desconsolada. Quería que aquello pasase, dolía demasiado. Quería que el tiempo arrastrase y se llevase aquellos sentimientos, que me ayudase a olvidarle y el principio de todo, estaba en lograr dejar de pensar en él, dejar de hablar de él. Así que tras no se cuanto rato en el suelo, llorando, me sequé el rostro, cerré la ventana y me acerqué al escritorio para comenzar a escribir el par de cartas que me pidió mi abuelo, era mejor tener la mente ocupada.
No era consciente de cuanto tiempo había pasado, pero alguien llamó a mi puerta. Dejé de escribir, me aseguré de tener las mejillas secas y abrí viendo que se trataba de Kaith, venia a avisarme sobre el entierro de Ser Harwin. Kaith me preguntó que si la esperaba mientras avisaba a los demás, pero no tenía ganas de esperar a Aelys y caminar allí junto a ella y probablemente su marido. Pedí a Kaith que me dijese donde era y que iría a por Renash, que nos veríamos en el lugar. Me indicó a donde debía ir y me preguntó si tras que acabase todo, seguiría queriendo estar sola o si prefería que viniese a mi habitación. Quiero a Kaith con locura, pero necesitaba estar sola, así que le recordé que debía seguir con el par de cartas y que en caso de acabarlas no muy tarde, la avisaría. Cariñosa como siempre me dio un beso en la mejilla como despedida, se dirigió a buscar a Aelys y yo fui a por Renash.
Llamé nada más llegar a la puerta, lo hice a la par que escuchaba ruidos en su habitación, dudé de si abrir o esperar a que abriese él. Los sonidos se detuvieron y poco después Renash asomó, no abriendo del todo la puerta. Le pregunté si todo iba bien dentro y que me gustaría hablar con él. El rostro de mi hermano mostraba de forma clara su enfado, el nerviosismo por todo lo sucedido. Vi como tomó aire, abrió la puerta asintiendo, ahí pude ver el desorden de la habitación, me invitó a pasar y así lo hice, observando como incluso había golpeado una de las paredes.
Le comenté que habían pasado más cosas tras que se marchase del salón del trono. La noticia ya le había llegado. Me acerqué preocupada a él y le expliqué mi intención de ir a presentar mis respetos a Ser Harwin, que vine a avisarle por si él quería asistir también. Tras ello, pregunté que si lo que acababa de pasar en su habitación, tenía que ver con todo lo sucedido, incluyendo lo último. Renash se disculpó por haberse quedado en el pozo de dragones tras nuestra llegada del viaje, añadiendo que de no haberse quedado allí, seguramente no hubiese pasado nada de lo sucedido. Le dije que no tenía por que disculparse. Al fin y al cabo él no había hecho nada. Me preguntó si recordaba nuestra última conversación y asentí. Dijo que no esperaba nunca llegar a ese punto, me dijo en esa conversación como se sentía y ahora estaba diciéndome como creía que aquello ya iba a poder superarle.
No quería que aquello pasase, no quería verle superado por lo que nuestra hermana había hecho, pero si eso pasaba, tampoco podía culparle. Le dije que nadie se esperaba nada de lo que había sucedido, desde la unión hasta la muerte de Ser Harwin, que todo había pasado de forma demasiado repentina y caótica. Habló de como le señalaban a él de asesino, de como los señalados como deshonorables éramos nosotros. Al parecer unas palabras le hicieron mucha gracia, no sabía si se refería a nuestro tío o hermana, así que pregunté por el primero. Me aclaró que cuando Aelys fue a acompañar a Aemond, le dijo que había hecho aquello por su felicidad. No tardó en preguntarme si yo dejaría tirada a mi familia por seguir mi propia felicidad. Dejé de mirarle para contarle lo que le iba a contar. Le expliqué que la misma noche que tuvimos aquella conversación que ambos mantuvimos, como horas después Edrik entró en mi habitación, como me había pedido que me fuese con él para empezar juntos una vida de cero sin apellidos, pero que mi respuesta fue, que no podía marcharme dejando a mi familia de lado, sabiendo la batalla que se aproximaba, que no podría vivir con la culpa de saber que a alguno de ellos le pudiese pasar algo, sin yo haber tenido la oportunidad de evitarlo. Regresé la mirada a mi hermano, seguí contándole como Edrik tenía claro que sí me iba a ir con él, como me dijo donde me esperaría y que acudí al lugar y a la hora indicados, pero que mi respuesta era la misma que ya le había dado y que tras ello, él se marchó.
Renash me preguntó sobre como estaba, sabía que me lo preguntaba concretamente por lo que le acababa de contar, pero no quería volver a llorar así que sumé todo lo ocurrido y respondí que aun estaba asimilando todo lo que había pasado. Me dijo que era sorprendentemente fuerte, cosa que no tardé en negar contándole que había estado un buen rato llorando en la habitación. Mi hermano definió aquello como un modo de ser fuerte. Escuchar aquello me reconfortó en cierto modo. Afirmó que me acompañaría al entierro, pero también me avisó de como se estaba hartando de hablar, se sencillamente cerrar bocas de personas que mienten y que solo intentan imponerse a nosotros. Me avisó de que el día en que se cansase, no habría vuelta atrás y que tendrían razones para llamarle asesino. Aquello me asustó y me preocupó a partes iguales, no quería que dañasen a Renash, pero a mi también me estaba cansando aquella situación y se lo hice saber. También le avisé de que no debíamos ser nosotros quienes empezaran un enfrentamiento directo, que debíamos evitarlo en lo máximo posible y le pedí por favor, que esa noche, en el entierro de Ser Harwin, si alguno de nuestros tíos, abría la boca para decir algo sobre nosotros o nuestros hermanos, que no cayésemos en el juego, que no se generase más violencia en ese día. Un hombre inocente había perdido su vida, a mano del idiota de nuestro tío y yo no estaba segura de poder seguir soportando ese día, que sucediese algo más.
Vi como Renash tras mis palabras, caminaba por la habitación, puede que pensando en lo que le dije, o puede que no. Se detuvo, escuché como liberó un gran suspiro y me miró diciendo que se mantendría alejado de ellos, pero que no permitiría que ninguno me pusiese la mano encima. Intenté tranquilizarle en cuanto a eso, dejando claro que ni yo misma permitiría aquello. Creo que intentó reconfortarme cuando me despeinó un poco con una de sus manos, le empujé levemente riendo por un momento con suavidad y le indiqué con un gesto, el ponernos en camino.
Cuando llegamos al lugar del entierro, pude ver como al final, acudimos casi todos. Al que sin duda no esperaba ver fue al asesino de Ser Harwin, no era capaz de entender tal acto, como tenía tan poca vergüenza como para estar ahí. Como no abrió la boca, culpándonos a nosotras, sus sobrinas, del hecho de estar irascible, cuando ni si quiera hablamos con él. No fue capaz de admitir su culpa, de reconocer que había asesinado a un hombre inocente, solo hizo lo que mejor sabe hacer, llamar la atención. No me creí sus palabras y quise decirle cuatro cosas, pero yo misma le había pedido a Renash que no entrase al juego, así que no lo iba a hacer yo y sin duda, tenía pendiente una conversación con el estúpido de mi tío, con el que realmente, no tenía ganas de hablar.
Daenkiel tras preparar todo, dirigió unas palabras en honor a Ser Harwin, iniciando así, su entierro. Quería mirar a mis hermanos, ver como estaban, pero muchos eran los rumores acerca de ellos y del guardia fallecido, no quería alimentarlos más, de modo que me limité a observar como el capitán de la guardia, también hablaba en honor a su compañero asesinado y como después, Ser Criston junto a Ser Rickard, empezaron a llenar la tumba de tierra. No quería pensar en como debían sentirse todos, pues por su juramento, debían seguir defendiendo y cuidado, a quien arrebató la vida de uno de ellos.
Y durante el entierro, que debería haber sido algo solemne, un hombre que de conocerle, no le recuerdo, interrumpió para hablar sobre la flota que llegaría para la batalla en los peldaños. El capitán de la guardia, le indicó que no era el momento correcto para hablar de ello, el tipo dijo entenderlo pero siguió con el tema. Daenkiel también intercedió en honor del entierro de Ser Harwin. Incluso Rhaemon le dijo que no era el momento, pero Maelle no parecía pensar lo mismo y prosiguió con el asunto, dejando en segundo plano, para lo que realmente estábamos ahí, aquello me hizo sentir mal por Ser Harwin, ni respeto le mostraban algunos, la noche de su entierro.