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El mundo
Dicen los viejos que el mundo es una piedra arrojada a un estanque, y que sus ondas jamás dejaron de crecer. Siete anillos, uno dentro de otro, del más angosto al más vasto.
En el centro de todos se alza la capital, y en la capital, un trono. Allí reina quien los hombres llaman Dios, y a quien obedecen como Rey. Cuentan que fue Él quien, desde su propio círculo, abrió los otros seis con sus manos: no por bondad, sino para que cada alma tuviera el lugar que merecía.
El orden del mundo
En el segundo anillo moran sus allegados: los amigos de antaño, los que nunca dudaron. En el tercero, los valientes, los que sostienen la lanza cuando los demás vuelven la espalda. El cuarto guarda a la sangre de su sangre, y a aquellos por quienes sus allegados responden.
Más afuera, el quinto, donde viven los conocidos, gente de mano firme y ánimo quieto. Y en el sexto, los mundanos: los que aran, los que rezan y los que no preguntan.
El séptimo no se cuenta entre los círculos de los vivos. En su borde, donde el viento sabe a sal y a ceniza, esperan los Hombres de Piedra.
Lo que te espera
El límite
La tierra acaba en el séptimo círculo. Eso enseñan los sacerdotes; eso repiten las madres a sus hijos antes de apagar la vela.
Pero hay quien susurra, cuando el fuego ya es brasa, que tras el paso entre círculos existe un octavo — el que ninguna crónica nombra, el que ningún mapa se atreve a dibujar. El lugar donde el Rey arrojó a cuantos alzaron la voz, y a cuantos alzaron la mano.
Nadie lo confirma. Nadie pregunta dos veces.
Un atlas vivo del mundo — territorios, ciudades y ruinas que podrás explorar palmo a palmo.
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