Corría el año 110 d.C. en Poniente, y era el noveno año del reinado del rey Viserys I Targaryen, primero de su nombre. Pocos monarcas habían gozado de un reino tan próspero como el suyo. La paz heredada del Viejo Rey, Jaehaerys I, perduraba aún, los graneros rebosaban, el comercio florecía y los dragones, más numerosos que en ningún otro momento desde la Conquista, dominaban los cielos de los Siete Reinos.
Muchos maestres han sostenido que aquellos fueron los últimos años de la edad dorada de la Casa Targaryen, cuando el poder de los señores dragón parecía tan firme que nadie habría osado imaginar su caída. En varios escritos contiguos de la época se sostenía que era la época dorada de la Casa Targaryen. Todo precedido gracias a la decisión tomada por el Viejo Rey, Jaehaerys I Targaryen, que tras perder a sus herederos por una enfermedad, proclamó a Viserys I como el heredero, evitando así una posible guerra. No obstante esta decisión solo dilató algunos acontecimientos que iban a ser inevitables. Pues como todos bien sabían en el fondo de sus corazones, lo único que podía acabar con la Casa del Dragón, era ella misma.
Quien contemple estos hechos con la ventaja que concede el paso de los años hallará no pocos presagios de la tragedia venidera. Un matrimonio celebrado por conveniencia, un juramento pronunciado en un salón, el nacimiento de un heredero o la muerte de un consejero pueden parecer sucesos de escasa importancia para quienes los vivieron. Sin embargo, fueron esas mismas piezas las que, movidas una tras otra, terminarían por componer el tablero sobre el que habría de librarse la más terrible guerra entre dragones.
Así pues, antes de relatar la contienda que los hombres llamarían la Danza de los Dragones, el peor evento civil/militar visto en la historia de Poneinte, conviene volver la vista a los años en que el reino aún disfrutaba de la paz. Pues ninguna guerra comienza el día en que se derrama la primera sangre, sino mucho antes, cuando la Triarquia formaba su nueva flota. Cuando Daemon Targaryen llamado como "Príncipe Canalla" batallaba en los Peldaños.
Sea esta, pues, la relación de aquellos acontecimientos, para que el lector juzgue por sí mismo si los hombres forjan su propio destino o si, por el contrario, no hacen sino recorrer el camino que los dioses les han trazado. Que los siete se apiaden de vuestras almas, pues esta es la historia de cómo moriréis, esta es la historia que tiñe Poniente... de Fuego y Sangre.
Directrices
Tras darle mil vueltas a cómo poder hacer esto de manera normal, correcta y para que el mayor número de personas pueda disfrutar, he pensado en establecer las siguientes directrices pensando en mi, en vosotros y sobre todo en el rol.
Encarnado por Yarna
“Llevo el peso de un apellido que incendió el mundo... Mi sangre explica quién soy, mis actos decidirán cómo seré recordada”
Encarnado por NotEcko
“La sangre de un dragón no le da derecho a gobernar. Solo le da la oportunidad de demostrar que es digno.”
Encarnado por Marttuu 🧸
“Quien gobierna solo con miedo e incredulidad terminará rodeado de silencio... y el silencio siempre precede a la traición.”
Encarnado por Kross
“La fe y la ambición son recetas perfectas para un conocimiento superior”
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