Caímos en la trampa
17 de agosto de 2026
Tras volver a viajar sobre los lomos de Vhagar, con una pasajera más, llegamos a desembarco. No tardaron nada en recibirnos, todos al completo y lo entiendo. Mi madre quería saber que había pasado, ante el silencio de todos, di varios pasos al frente y le respondí. No era capaz de mirarla a los ojos, ni a ella ni a mi padre, el cual estaba a su lado. Así que expliqué lo sucedido o parte de ello. Mi madre se puso histérica cuando le dije que mi melliza Kaithlys sacrificó a su dragón, Midir, para que tuviésemos la oportunidad de escapar. No la culpo, no puedo, si alguien tiene culpa de ello soy yo. No conseguí el vínculo con Vermithor, de haberlo hecho Midir seguiría con vida, mi melliza no estaría desolada y no habríamos recibido ninguno de los reproches que escuchamos a continuación.
Mi hermana Aelys intentó decirle a mi madre que ese no era el mejor lugar para ponerse así, puede que no eligiese del todo bien las palabras exactas, pero tenía razón. Ese maldito viejo de Otto utilizaría cualquier cosa que pudiese para desprestigiar a toda mi familia y como no, la víbora verde no tardó en hablar.
Veneno, es lo único que salía de su boca, intento de manipulación, de culparnos solo a mis hermanos y a mi. Fue Aemond quien nos vino a buscar a Aelys y a mi, fue él quien destapió mi ventana y luego el resto nos siguió. Quise gritarlo, aun no se por que no lo hice y él mismo no dijo nada. No se si es tan cobarde como parece o que le gusta escuchar como nos cargan con el peso de cualquier acto, aunque no sea hecho por nosotros de forma directa.
Encaré a Otto, no iba a permitir que tergiversase las cosas, que nos calumniase más y que aprovechase el mal rato que nuestros padres y probablemente Alicent, hubiesen pasado, para generar más rencillas. Aelys también intervino varias veces. A ese viejo no pareció gustarle cuando dije que a mi tío Daeron se lo llevaron los suyos, eso, o más bien le dejé en bandeja la posibilidad de generar más discordia. Como no la intentó aprovechar.
Él no es nada para mi y quienes se llevaron a mi tío tampoco. No comparto sangre con ellos, por ende, no, no son familia para mi. Ese dato preferí callarlo cuando intentó, una vez más malmeter, pero creo que es algo lógico. Que mi abuelo se casase con su hija, no lo convierte a él en familia mía, solo a mis tíos. En cuanto a Alicent, para mi solo es la mujer de mi abuelo. A saber si no fue empujada a ello por su propio padre, convirtiéndose en la marioneta perfecta y un modo de jugar con los intereses de mi abuelo.
Vi como mi abuelo se apartaba de Otto, como le decía que era suficiente, eso me agradó, puede ser que por fin se haya percatado de que lo que tiene al lado no es un consejero, no es un hombre de confianza, ni nadie a quien verdaderamente le importe ni mi abuelo, ni el reino. Se trata de un titiritero, que mueve los hilos de sus marionetas o intenta hacerlo a como de lugar, hacia sus propios intereses.
Los guardias recibieron la orden de acompañarnos a nuestras habitaciones y así lo hicieron. Pregunté a Ser Harrold si era posible que me acompase a hablar con el maestre Orwyn o desviarme yo en el camino. Alegué que había sido un día largo y complicado, que no sería capaz de conciliar el sueño y me vendría bien que me diese algo para dormir. Mentí, al menos en parte. Sí que había sido un día difícil. Primero el juego sucio de mi hermano Renash hacia Edrik, luego mi hermana sacrificando a Midir para darnos tiempo a escapar con vida de Vermithor. No podía sentirme peor de lo que ya me sentía, ni más culpable. Pero lo que realmente buscaba con aquello que le dije al guardia, era hablar con el maestre para saber del estado de Edrik y preguntarle sobre la carta con el sello roto.
Ser Harrold me dijo que no sería posible, pero que haría llamar al maestre para que fuese a mi habitación, eso me pareció perfecto, así que sin problema acepté y una vez en mi habitación, le prometí que esperaría allí sin marcharme.
Tiempo después alguien llamó a mi puerta, en efecto era quien esperaba. Invité al maestre a entrar y cerré la puerta. Le mostré entonces la carta que me entregó, le pregunté el por qué de que estuviese abierta. Por qué llegó con retraso. Me explicó que la carta la leyó mi madre. Nada más y nada menos que mi propia madre había leído cada palabra que esa carta decía, no podía dar crédito y sentí mi sangre helarse un momento. Por suerte mi padre no le dio importancia a la carta, pero a saber lo que tarda mi madre en decírselo.
Ahora entendía mejor la forma en la que me miró en el torneo, mientras me negaba con la cabeza para que no le diese mi favor a Edrik. Conocía las intenciones de este si ganaba. Pero entonces, también pudo comprobar que se trata de una persona noble, leal y que ello hace que el modo de actuar de mi hermano, sea aun peor de lo que ya es de por si.
El maestre Owen accedió a averiguar para mi, con la mayor discreción, qué guardia era quien debía entregar esa carta, pues habían cosas que no me cuadraban. Tras esto y temerosa de la respuesta, pregunté por su estado, al conocer que se debatía entre la vida y la muerte quise que me llevase donde él, pero alegó que no era posible y que no estaba consciente como para escuchar. Le agradecí y dejé que marchase.
Necesitaba hablar con Renash y Kaithlys. Aun tenía una conversación pendiente con el primero y quería comprobar el ánimo de mi melliza, estar a su lado si así lo quería y necesitaba. Abrí la puerta dispuesta a ello y Ser Criston me preguntó que a donde iba, señalé que a hablar con mi hermano y a darle las buenas noches. Quería que hablase con él en mitad del pasillo a puerta abierta ¿qué le importa a él lo que yo quiera o tenga que hablar con mi hermano? me negué a eso, regresé a mi habitación.
De nuevo alguien llamó a mi puerta. Abrí viendo a mi hermana Aelys y la invité a pasar. Mis ojos estaban llorosos tras la conversación con el maestre, pero no me importaba que me viese así y el ánimo de ella no era mejor que el mío.
Se acercó a mi cama y se dejó caer en esta, yo la seguí repitiendo el gesto, tumbándome a su lado, mirándola. Me preguntó qué me pasaba, le dije que tenía la sensación de que estropeaba todo lo bueno que había cerca de mi, que le hacía mal. Entonces le pregunté a ella lo mismo. La respuesta estaba clara, mi tío Aemond. Mi hermana tenía sentimientos por mi tío, si no, no le habría dado su anillo, el cual él llevaba puesto cuando estuvimos en Rocadragón. Hablamos sobre él. Ante la poca sangre y valor de mi tío, le expresé que temía que solo fuese un juego para él, que no quería que fuese dañada. En el fondo deseo que mi tío sea capaz de salir de ese cajón de marionetas y haga feliz a mi hermana, ella se lo merece. Confiando en ella le tendí la carta de Edrik, necesitaba hablar de aquello y que al menos ella, aparte de mi madre, supiese del asunto. No le dije que nuestra madre había leído la carta, no quise darle vueltas a eso. Tras leerla me la devolvió y expresé de nuevo que no entendía por que Renash hizo algo así y que alguna explicación tendría, aunque ella, no lo pensaba así, lo resumía en que simplemente, era Renash.
Ser Harrold llamó a la puerta reclamando por mi hermana, me levanté de la cama para abrir, ella se levantó también. Le di un abrazo y le dije que intentase descansar.
Volví a abrir mi puerta, esta vez por mi cuenta. Ser Harrold estaba apostado ante esta, le indiqué que quería hablar con mi hermana Kaithlys. Pero me dijo que no iba a poder ser, que por favor regresase a la habitación. Resignada lo hice.
No pasado mucho tiempo, empecé a escuchar ruido fuera. Volví a abrir la puerta para ver que sucedía. Creí escuchar la voz de Renash y así fue, charlaba con Ser Alaric, otra persona con la que aun tenía una conversación pendiente. Cerca de ellos se encontraba, el maestre que trató a mi tío Aegon II. El extraño copero supuestamente llamado por mi madre, cosa que resultó no ser cierta y lo que claramente era, una bastarda. A decir verdad el color del cabello de ese maestre tampoco me pasó por alto. De quien tenía aun dudas, era del copero, solo mostraba un mechón y bien podían ser ¿canas?.
Fueron pasando a la habitación de mi abuelo, escuché algo sobre la salud de mi abuelo, eso me preocupó así que pregunté bajito a Ser Harrold por ello. Me dijo que no me preocupase. ¿Cómo no me iba a preocupar por la salud de mi abuelo? supongo que si me dijo eso, es por que todo estaba controlado.
Tras no se cuanto tiempo más, acabé durmiéndome. Mi sueño fue interrumpido varias veces por las pesadillas, de modo que para cuando el alba llegó, estaba despierta.
El día del viaje llegó y con ello una reunión para tratar el plan a seguir. Que novedad escuchar que la idea de que mis hermanas, mi padre y yo, fuésemos carnaza, era de la maldita Víbora Verde, ese maldito y viejo Hightower, el cual para mi sorpresa y agrado, no estaba presente.
Los recién llegados el día anterior a la Fortaleza Roja, también nos acompañaban. Estos se habían enfrentado ya a la Triarquía, así que los consideraron útiles. Me hacía sentir cierto alivio, saber que el maestre nos acompañaría, aunque aun se estaba recuperando de sus propias heridas. La imagen de su cuello se antojaba dolorosa a la hora de hablar.
Mientras nos preparaban a mis hermanas y a mi, estaba atentas de ambas. Aelys se veía decaída, ida. Con la mirada perdida en el suelo parecía más pequeña de lo que realmente es. Kaithlys por su parte, no entendía por qué debíamos llevar armadura si éramos el cebo. Precisamente mi querida melliza, no querrás recibir un flechazo. Le expliqué el motivo del por que y le dije que se la pusiera, entonces dejó que se la colocasen. Hablé con ambas, temía que les pudiera pasar algo, necesitaba que fuesen fuertes, que se mantuviesen alerta. Iba a velar por ellas y estaba segura que nuestro padre también, pero un pequeño descuido, podría ser fatal y no se cuan atenta puedo estar de proteger a ambas en el caso de luchar también por mi vida. Tenía claro que no podía permitir que les pasase algo. Ya cargaba con suficiente culpa por el momento y de pasarle algo a alguna. No quería pensar en eso.
Renash vino a la tienda donde nos estaban terminando de equipar. Habló con nosotras, pidió lo mismo. Fortaleza, unión. Nos dejó claro que el resto les daba igual, que nuestras vidas estaban por encima. Esperaba que Aelys reaccionase más al escucharle a él, pero estaba demasiado alicaída. El temor y posiblemente el hecho de que mi tío ni pasó a desear un buen viaje y regreso, aunque fuese con disimulo, seguro no la ayudaban.
Tras la marcha de Renash y una vez equipadas correctamente, embarcamos. Fue un largo viaje, donde conversé un poco con el joven maestre Daenkiel, el supuesto copero Daryl y la mestiza Maelle, presentándome con ellos. A esta última le tomé de las puntas de un mechón de pelo con suavidad, alegando que tenía un bonito color de cabello. Fue un modo sutil de mencionarle que estaba claro que era una bastarda.
Sigo pensando que los bastardos no tienen culpa de serlo. No es algo que ellos pidan o elijan. Alguien tomó la decisión por ellos, fuese por amor, por interés, o por la fuerza.
Debí haber aprovechado el viaje para hablar también con Ser Alaric sobre lo que me dijo mi padre. Lo pospuse y acabamos llegando al lugar indicado.
Mi hermana Kaithlys alzó una bandera blanca en seña de rendición. Nos encaminamos hacia las cuevas al no ver a nadie, mala idea, pues en efecto ahí no había nadie. Nadie excepto Robaovejas. Mi tío Rhaemon llegó a lomos de su dragón gritando que era una trampa. Si, estaba más que claro.
Busqué a mi hermano por un momento con la mirada. Rhaemon había dicho que habían balistas apostadas en los islotes, ¿cómo se le ocurre dejar solo Renash?
Todo pasó muy rápido, Robaovejas nos iba a atacar, mi padre llamó a Caraxes para que se enfrentase a él y eso hizo dirigiéndose hacia este, ¿era cierto lo que estaba viendo? Daryl, el "copero", ¿estaba intentando crear vínculo con Robaovejas?. Le exclamé que le dijese en alto valyrio la palabra que solemos usar para que se calmen "Lykīri". La dijo, Robaovejas no parecía hacer caso. Daryl estaba muy cerca de ese dragón, repitió la palabra y el dragón, que estaba a poco de atacarle se detuvo. Caraxes le atacó, le mordió el cuello. Grité hacia mi padre que el vínculo estaba hecho, para que retirase a Caraxes.
Tras que mi padre le diese la orden, Robavejas le atacó. No quería ver como dañaba al dragón de mi padre, había crecido viendo a Caraxes y quería que saliese de ahí con vida.
Daryl intentaba calmarlo, pero no le hacía caso, le exclamé entonces que le repitiese "Lykīri" y que añadiese "Dohaerās". Los dragones conocían el Valyrio, al menos todos los que yo conocía. Esperaba que ello ayudase a Daryl, ahora jinete de Robaovejas, a calmarle, a que le obedeciera.
Renash llegó, al ver el espectáculo intercedió para que Caraxes pudiese marchar. Lanzó un fogonazo en picado hacia Robaovejas para después ascender en el cielo. Caraxes, aunque herido, logró escapar y Daryl, consiguió calmar a Robaovejas.
Mi padre no daba crédito de como ese hombre se había convertido en el jinete de Robaovejas. Ese logro no hizo más que despejar mi duda y le indiqué que debía tratarse de una semilla de dragón. Me pidió que le enseñase Valyrio para que pudiese entenderse con el dragón, accedí y nos marchamos de allí, algunos sobre dragones, otros en los botes que nos llevaron ahí.
Cuando llegamos donde estaba la flota, vimos que habían sido masacrados. Lord Corly estaba luchando junto a su hermano. Daryl ordenó a Robaovejas que lanzase fuego, pues los estaban rodeando por mucho. Aquello ayudó al par de Velaryon a seguir con vida, pero las pérdidas habían sido enormes.
Una balista alcanzó a Robaovejas, pero no era una balista cualquiera, esta llevaba una cuerda y una pesada ancla estaba atada al extremo final de dicha cuerda. Pretendían hundir al dragón y con ello, los que montaban en él caerían al agua quedando a merced de los piratas. Kaitlhys y yo volábamos a lomos de Caraxes con nuestro padre. Se lo indiqué a este, le hablé de una visión que había tenido al respecto y guió a Caraxes. Pasó bajo Robaovejas cortando la cuerda que lo habría hundido. Sin más dilación seguimos el vuelo hacia Desembarco.
Cuando llegamos allí, nos esperaba nuestro abuelo en la sala del trono. Cuando le vi, quedé aterrorizada. Su aspecto había cambiado demasiado en ese tiempo. No fui la única en sorprenderse, vi la expresión de mi padre. Le desconcertó del mismo modo o más, ver a su hermano así. Me detuve al lado de mi padre y posé una mano en su brazo, en seña de apoyo. Le hablé sobre como escuché que hablaban de su salud antes del viaje y como un guardia me dijo que no me preocupase. Me encomendó averiguar que era lo que le habían estado dando y asentí. Claro que lo iba a averiguar, si alguien estaba dañando a mi abuelo, habría que detenerle. Lo que me extrañó, fue que de nuevo la Víbora Verde, Otto, tampoco estaba ahí en ese momento.
Hablamos sobre lo sucedido, le explicamos lo que había pasado, la preparada trampa en la que habíamos caído y eso no podía quedar así. Se habían perdido demasiadas vidas, no podíamos permitir que la Triarquía siguiese acumulando poder ni que ese bloqueo continuase. Tocaba trazar un nuevo plan y buscar apoyo para este, de confianza a ser preferible.
Al parecer fuera, en los jardines, estaban tratando con nuevos posibles guardias así que mi padre dio la idea de reclutar a alguno para el siguiente ataque. Antes de salir, mi abuelo nos habló de la carta que los Mormont habían enviado, pidiendo un castigo sobre mi hermano, por el deshonroso acto cometido en la liza. Salimos todos y caminamos hacia dichos jardines. En cuanto mis ojos captaron aquella ropa negra, aquella capa de oso y ese pelo oscuro, mi mirada se detuvo en él, mis pasos también se detuvieron.
Durante el viaje no había podido dejar de preguntarme si Edrik habría o no sobrevivido. La respuesta estaba ahora ante mi. Llevaba un parche ocultando su vacía cuenca derecha, pues su ojo había sido robado por el sucio golpe de mi hermano. Una cicatriz, la cual aun estaba sanando, asomaba por su mejilla hasta casi su mandíbula inferior, pero estaba ahí, en pie y con vida.