La muerte y el sacrificio
28 de septiembre de 2026
Ser Erryk Cargyll llegó a Rocadragón, con él portaba una bolsa y una noticia.
La noticia que nos trajo, nos dejó a todos un sabor amargo y pesar en el alma. Nuestro abuelo, padre de mi madre, hermano de mi padre y Rey de Poniente Viserys Targaryen, había fallecido.
Lucerys se acercó a mi tras la noticia, le abracé y besé su cabeza intentando darle consuelo mientras miraba a mi madre, sintiendo como empezaban a escocerme los ojos.
Las siguientes palabras de Ser Erryk, nos desconcertaron a todos. Explicó que habían coronado a mi tío Aegon como su sucesor. Renash no daba crédito de lo que acabábamos de escuchar. Mi padre quería saber como murió su hermano, pero Ser Erryk no tenía esa respuesta.
No tardé en preguntar cuantos días llevaba mi abuelo muerto tras escuchar que Aegon llevaba días coronado. Cuatro para ser más exactos.
La opinión de mi padre es que lo habían asesinado. Aquello, por un breve momento, lo vi descabellado. Pero pensándolo bien, a saber hasta donde Otto y su hija, eran capaces de llegar. O mis propios tíos.
Mi padre quería saber por qué habían tardado tanto en avisarnos. Ahí fue cuando Ser Erryk nos explicó que no querían que supiésemos de la noticia, que los puertos estaban vigilados y que tuvo que huir de la guardia. Nos explicó lo sucedido con Ser Harrold Westerling, que este dejó la capa y que Ser Alaric era el nuevo Lord Comandante. Su mano derecha no era otra que Ser Criston Cole.
La mirada de Ser Erryk se dirigió hacia Renash mientras le explicaba que Aelys estaba en la coronación, apegada a Aemond. Tras escuchar eso fijé la mirada en mi marido, vi como cerraba una de sus manos en puño, como miraba fijamente a Ser Erryk escuchándole, donde terminó por explicar que la coronación fue en Pozo Dragón.
Mi mirada pasó a mi padre, cuando empezó a argumentar todo lo que había sucedido y como le parecía extraño que aquel guardia hubiese llegado sin ningún rasguño. Ser Erryk, añadiendo que había tenido que guardar apariencias, sacó lo que portaba en la bolsa que lo acompañaba. El objeto en cuestión no era otro que la corona del difunto Rey. Con cuidado dejó esta en la mesa del salón donde nos encontrábamos.
Seguía teniendo a Lucerys abrazado mientras la conversación se seguía dando. Vi el gesto de mi padre hacia Renash y ante la mirada de este sobre el guardia, liberé despacio a Lucerys. Ser Erryk no tenía culpa de lo que había sucedido y esperaba no tener que interceder por él, pero por si acaso, me preparé.
Renash preguntó que cómo era posible que coronasen a un Rey a puerta cerrada, sin avisar a la legítima Reina. Tras la respuesta recibida, de que era usurpación y que lo tendrían planeado desde hacía años. La voz de mi marido se alzó en la sala, preguntando que pasaba con todos los que habían hincado rodilla ante nuestra madre. Ser Erryk nos explicó que varios nobles ya habían hincado rodilla bajo coacción, pero que otros ya lo tenían planeado, como los Lannister y los Hightowers. Pero que aun no estaban todas las casas resueltas, como el Norte, los Baratheon, los Velaryon, las tierras de los Ríos y Nido de Águilas. Algunas casas del dominio se oponían mientras que otras si la habían hincado. No sabían nada de las grandes casas ni de los Greyjoy.
Renash propuso mover ficha rápido y tras esas palabras, Ser Erryk nos avisó de que los verdes, vendrían a por nosotros. Nos sugirió que debíamos abandonar Rocadragón. Pero toda mi familia tenía claro que no íbamos a abandonar nuestro hogar.
Mi padre claramente negó y me preguntó si me veía capaz de organizar a la guardia. Asentí sin duda y expliqué, como todos ya sabíamos, que solo había un modo de acceder y que de acercarse alguien, los dragones les dejarían carbonizados en apenas un momento. Además de explicar las patrullas que se podían hacer, que zonas vigilar y el mantenernos alerta. Tengo más que claro, que mi padre sabía a la perfección de todo aquello, pero tal vez quería ver si era capaz de organizar rápido a la guarda tras las noticias recibidas, si reaccionaba bien bajo aquella presión, o ambas.
Me pidió que transmitiese a lo guardias aquella defensa planificada, asentí sin dudar. Y aunque a mi padre le preocupaba la desventaja del tiempo, mi madre tras añadir que no todo estaba decidido, pues habían casas que no habían hincado rodilla, decidió que tras montar la defensa, acompañase a mi hermano Jace al norte. Quería que nos ganásemos el blasón de los Stark, que reafirmasen su lealtad a la decisión del difunto Rey, de que ella era la legítima Reina.
A Renash le dio a elegir entre ir a la tierra de los Ríos o a la tierra de las tormentas. Escogió la tierra de las tormentas y Lucerys iría con él, por ende mi padre partiría hacia Nido de Agilas y cuando regresásemos, Renash y yo partiríamos a la tierra de los ríos. Preocupada ante todo lo que estaba sucediendo, pedí a nuestra madre que por favor, mientras que no estuviésemos presentes, mantuviese a nuestros hijos vigilados. Asintió sin duda alguna y tras ello, tomando la corona del difunto Rey, pidió a Ser Erryk que la acompañase, pues iba a ser coronada.
Marché para indicar a la guardia como debían proceder, rondas, turnos, el no permitir que nadie pasase a Rocadragón ni a Pozo Dragón, que nos avisasen si veían algo extraño. Toda precaución era poca, sabíamos que los verdes iban a venir por nosotros y eran capaces de hacerlo de cualquier forma, así que tenían avisado que no eran bien recibidos.
Tras aquello pensé en bajar al pozo e intentar una segunda vez, ver si era capaz de crear aquel vínculo con Vermithor, sabía de la dificultad, del peligro, por ello pensé hacerlo sola. Vi a lo lejos mi marido y a mi hijo, así que decidí verles y conversar con ellos, por si era la última vez que les veía.
Ellos dos eran mi mayor tesoro, junto con la pequeña Visenya. ¿Qué hacen mis dos hombres preferidos? eso fue lo que pregunté al llegar junto a ellos.
Baelor me abrazó nada más verme, así que le cargué en mis brazos mientras escuchaba como Renash me contaba que hablaban de una misión muy importante. Baelor me explicó que debía protegerlos a todos y que luego, Renash le dejaría montar en el dragón. Sonreí tras conocer aquella gran misión. Le dije que estaba segura de que podía defenderlos a todos, pero que sobre todo, debía cuidar de su hermana y de su abuela. Baelor asintió sin problema. La ternura me inundó por completo. Dejé un beso en su mejilla, como posible despedida y pidiéndole que fuese a ver donde estaba su hermana, le dejé en el suelo. Renash debía saber lo que estaba a punto de hacer y por lo que veía, ya tenía a Fate preparado para el viaje.
Aun habiendo visto al dragón de mi marido preparado, le pregunté si tenía ya todo listo. Asintió sonriéndome, preguntándome que por quien le tomaba. Creo que no es consciente de cuanto me gusta verle sonreír así. En ese momento dudé sobre si decirle realmente o no lo que iba a hacer, así que mencioné que tenía dos cosas que decirle.
Lo primero fue que tuviese cuidado con el viaje a las tierras de la tormenta. Le pedí que vigilase su espalda y su cabeza. Me dijo que volvería de una pieza.
Decidí que sí debía saber lo que iba a hacer, así que miré hacia la entada de Pozo Dragón por un momento y entonces, mirándole de nuevo, le dije que creía que era hora de volver a intentarlo.
Renash miró también hacia la entrada, luego puso sus ojos sobre los míos. Eso fue lo último que vi con nitidez. De pronto dejé de estar ahí, o eso sentí. Todo se volvió confuso, borroso. Me sujeté de Renash, todo a mi alrededor de pronto era complejo, sentí que no podía hacer nada, que no podía prever que iba a pasar.
Renash me preguntó si estaba bien y que si estaba completamente segura de lo que iba a hacer. No le mentí, le dije que lo estaba, hasta justo lo que acababa de pasar, había tenido un sueño demasiado extraño, inconcluso y borroso, pero con cierta certeza de no poder hacer nada. Le comenté que me había creado duda y él me dijo que quizá no sería la mejor idea.
A sabiendas de que iban a venir a por nosotros, creí que era algo que debía hacer. Pregunté a Renash que era lo que él haría y su respuesta, de que lo que él haría no sería lo que hiciese, no me sorprendió aunque si me hizo sonreír con suavidad.
Dudé, de verdad que dudé mucho, jamás había tenido tantas dudas sobre algo. El temor se apoderó de mi tras ese sueño. Pero ante todo lo que estaba por venir, le terminé diciendo que lo iba a intentar.
Renash me preguntó si podía acompañarme. Le dije que no sabía si sería buena idea, pues si salía mal y no volvía, al menos nuestros hijos seguirían teniendo un padre, pero que si me quería acompañar, no se lo podía impedir. Dejó claro que tras mis palabras sus ganas de acompañarme no disminuían, si no que incrementaban. Acepté que me acompañase, pero le pedí que se mantuviese a una distancia prudencial e intenté hacerle prometer, que no haría ninguna locura. Temía que de salir mal, él intercediese y le pudiese pasar algo.
Me dijo que no podía prometerme eso, que lo que sí podía prometerme, era no interceder si estaba fuera de peligro, ahí no actuaría. Pero que si lo estaba, no me dejaría morir, que haría todo lo que estuviese en sus manos.
Tomé una de sus manos entre las mías, mirándole con temor y súplica. Dejé claro que si le pasaba algo, jamás me lo perdonaría, me dijo que no era negociable. Le recordé que teníamos dos hijos y añadió que precisamente por eso, no era negociable. Aquello solo me lo ponía más difícil, no quería que le pasase nada. El intento de vincularme a Vermithor era precisamente para tener algo más a favor a la hora de defendernos, hacer rondas con él alrededor de Rocadragón y cercanías, no ponerle en riesgo.
Recordé como Kaith quedó sin Midir para que la anterior vez, saliésemos con vida. Renash alegó que nunca entenderá por qué Kaith no hizo que Midir volase, si hasta Vhagar salió de allí siendo más grande. Y que las circunstancias no eran las mismas. En eso tenía razón, no habría el alboroto de la última vez.
Enlacé los dedos de una de mis manos con una de las manos de él. Le dije que creía que ante todo lo que estaba por venir, era necesario intentarlo. Le pedí, que me perdonase si todo salía mal y terminaba muerta ante el fuego de Vhermithor. Me dijo que no habrían disculpas, que no las necesitaría.
Asida a su mano, bajamos a Pozo Dragón.
Sentía como mi corazón martilleaba fuerte contra mi pecho, como el nerviosismo recorría mi cuerpo. Tener a Renash a mi lado me daba fuerzas, eso era innegable, es una pieza fundamental en mi vida y por ello, el temor de que le pudiese pasar algo, también me acompañaba.
Estando ya dentro de Pozo Dragón y estando Renash a cubierto tras una gran roca, me alejé de él.
Estando a la vista, empecé a tararear una canción Valyria que seguramente Renash reconocía. Quería hacer saber a Vermithor que estaba ahí. Comencé a hablarle en Valyrio. Volví a recordarle que no pretendía doblegarle, que quería proteger junto a él a la familia que tanto quería, que sería un honor que compartiese conmigo su regreso a los cielos. Realmente esperaba que me viese digna de compartir el vínculo con él.
Pensé que mi corazón no podía latir ni con más velocidad ni con más fuerza, pero cuando vi aquel destello al fondo de la cueva, cuando le vi aparecer, eso fue lo que sucedió. Esperé con toda la calma de la que podía hacer acopio, manteniéndome alerta, con ese dragón no se podía bajar la guardia. Se acercó un poco, el calor de su fuego empezaba a ascender por sus fauces las cuales empezaba a abrir.
Vi el brillo del color del fuego empezar a nacer en su garganta. Así que le pregunté si no quería volver al cielo. Llevaba mucho tiempo metido en el pozo, algo en mi me decía que lo debería extrañar, por poco que fuese. Tras decir aquello, le reclamé con calma.
—Naejot māzīs Vermitōs.
Vi como el fuego que empezaba a nacer en su garganta se retraía. Casi conforme se retrajo, volvió a crecer y lo liberó hacia mi. Tuve el tiempo suficiente de correr hacia la gran roca donde estaba Renash escondido. Las llamas chamuscaron por suerte solo parte de mis ropas.
Ambos nos alejamos hacia una nueva roca. Vermithor estaba destrozando otras tantas en sus camino hacia nosotros. Intentando que se calmase exclamé algunas palabras llamando a dicha calma.
—¡Lykiri¡ !dohaeras¡
A Renash le dio tiempo de esconderse tras una roca rodeada de niebla. Saber que al menos él estaba a resguardo, me calmaba por esa parte.
Yo aun veía a Vermithor y él a mi. Las palabras que usé no sirvieron, no le calmaron ni le hicieron obedecer. Una vez más, probablemente la última, vi el fuego nacer en el fondo de la garganta de la Furia de Bronce y como este, lanzaba dicho fuego hacia mi.
Aquello iba a ser rápido, con tal potencia y a la distancia que estaba, seguramente mi muerte sería rápida, pero al menos, nuestros hijos seguirían teniendo a su padre.
De pronto, sentí como alguien tiraba de mi. Las manos de Renash aparecieron entre la niebla, tiró de mi haciéndome caer al suelo tras de la roca donde él estaba justo antes. Todo fue muy rápido, demasiado. Sin tiempo de poder levantarme del suelo, me encontré con la mirada de Renash. Mis ojos se abrieron de par en par con un miedo atroz al ver que mi marido había cambiado nuestros lugares. No, no, no, aquello no podía estar pasando.
Renash me miró con seguridad, con una gran sonrisa en su hermoso rostro, como si hubiese aceptado aquel destino desde que bajamos allí.
Miré sus ojos, su rostro, su sonrisa, a todo él y sin darme tiempo a hablar, en apenas un instante, el fuego de Vermithor le rodeó por completo, siendo lo último que vi entre dicho fuego, aquella amplia sonrisa que jamás iba a poder volver a ver. Mi cuerpo se heló, mis ojos ardieron en lágrimas y grité, grité con el alma rota ante el horror que acababa de ver. Renash había dado su vida por mi y eso era algo que nunca me iba a perdonar. Vi como aquel maldito dragón empezó a juguetear con su cuerpo.
Con ira, rabia e impotencia le grité. Le dije que dejase de una vez el cuerpo del que hasta ese momento, había sido mi marido, mi hermano y el padre de mis hijos. Sentí la necesidad de correr hacia Renash, cubrir su cuerpo con el mío aunque ya de nada sirviese y de no haber tenido a nuestros hijos, bien saben los siete que eso era lo que habría hecho.
Una vez más aquel maldito dragón no hizo caso alguno y devoró el cuerpo de Renash. Precisamente por nuestros hijos, pensando en Baelor y Visenya, fue que me obligué con las pocas fuerzas que me quedaban, a retroceder mientras todo mi cuerpo luchaba ante el temblor que me sacudía. Era una mezcla de dolor, culpa e ira. Si tan solo no hubiese bajado, o lo hubiese hecho sola...