Tiempos de ceremonias, guerra y sangre
24 de septiembre de 2026
"He tardado varios días en decidirme a escribir sobre esto. Por falta de tiempo, las circunstancias y el apremio.
Mi tutor en Desembarco del Rey, la mano derecha del Septón Supremo, ha muerto.
No fue una muerte digna de los hombres que dedican su vida a los Siete. Murió a manos del príncipe Aemond, en un arranque de ira que pareció conmocionar el Septo y sus cimientos. No indagué en el asunto, pero la furia de Aemond solo era comparable a la tristeza de su mujer, Lady Aelys también presente, algo terrible debió haberles sucedido, pero su gesto fue, contra menos, barbarico. Mi comprensión ante tal acto fue claro y conciso cuando Aemond pidió nuevamente contraer matrimonio bajo los Siete.
No hay bendición alguna que pueda conciliarse tras algo asi, menos aún cuando el príncipe ya ha mostrado abiertamente su aversión a la fe.
Ahora me encuentro sentado en el mismo lugar desde el que él impartía sus órdenes, no me lo puedo tomar como un ascenso merecido. Aún me cuesta escribirlo sin pensar que se trata de una broma de mal gusto del destino o los Siete.
Hace no tanto tiempo era simplemente otro septón entre muchos. Pasaba las mañanas entre manuscritos, ceremonias y peticiones de gente que necesitaba algo tan sencillo como una oración. Ahora hay hombres que esperan mi bendición, miembros de la Fe que aguardan mis decisiones y nobles que parecen observarme intentando descubrir qué clase de muchacho han colocado junto al Septón Supremo.
Con el tiempo me di cuenta de que quizá fuera algo más entrevesado el que acabara estando en aquella situación, una pieza más, como siempre señalaba Larys.
Mis nuevas responsabilidades me han tenido constantemente en movimiento y no me han dejado demasiado tiempo para el receso ni centrarme en mis estudios y pensamientos, así que trato de plasmarlos de la mejor forma posible entre los pergaminos que ahora me rodean.
Sin embargo, entre todo este peso han ocurrido momentos que me han situado en lugares donde se han consagrado uniones para la posteridad.
Recuerdo especialmente el día en que casé a Lady Daenyra con Lord Rennash. Aquel día llegué al septo bastante antes de que comenzara la ceremonia. Había demasiada gente entrando y saliendo, preferí asegurarme de que todo estuviera preparado antes de que comenzaran a llegar los invitados. Revisé las velas, los bancos, las escrituras y hasta tuve que pedir que cambiaran unas flores que estaban empezando a marchitarse.
Ambos parecían serenos y joviales a punto de contraer sus votos ante los Siete que gratamente aplaudió el pueblo.
Era inevitable sonreír.
Lo mismo ocurrió cuando casé a Lord Daryl y Lady Serenna. Era difícil acostrumbrarse a ver como Daryl había llegado tan lejos, reconocido y ahora a punto de casarse con una noble, de cara al Mar Angosto, con el viento acariciando a todos los invitados y a los prometidos, volaron muchos pétalos de flores de amapola.
Esa clase de momentos son extraños.
He pasado demasiado tiempo estudiando la sangre valyria, los dragones, las genealogías antiguas y los secretos que se esconden detrás de las historias que todos damos por ciertas. He visto hombres matar por sus dioses y hombres negar que existan. He visto dragones capaces de reducir una vida entera a cenizas. He visto a nobles discutir por un título mientras la gente pasa hambre en las calles.
Y, aun así, lo que más me cuesta explicar continúa siendo algo tan sencillo como dos personas prometiéndose permanecer juntas. En un mundo tan hostil, agresivo y lleno de actos violentos.
Quizá por eso me conmovieron tanto ambas bodas.
No esperaba que a continuación tuviera que volver a Isla Zarpa para romper la tiranía de los piratas que aún quedaban allí.
Durante la corte para tratar el asunto el ambiente volvió a caldearse como de costumbre entre las diferentes opiniones de la familia Targaryen, Aemond estaba dispuesto a quemar la isla entera lo cuál no hizo gracia a la mayoria, especialmente a Maelle, que vivió allí, pero se llegó a una idea conjunta en la que atacar frontalmente la isla con la flota Velaryon ahora comandada por Daryl y su nueva Sierpe Marina, acompañados por Renash y Rhaemond Targaryen en sus dragones, con Aemond y Vhaegar apostados en otra isla, expectantes.
Los restos de la piratería de la Triarquía habían conseguido hacerse fuertes allí, aprovechando las defensas que llevaban levantando durante estos 4 años. Lo que desde Desembarco podía parecer un reducto de piratas desorganizados resultó ser algo mucho más serio cuando comenzó el asedio. Había hombres acostumbrados a combatir y posiciones difíciles de tomar.
Yo había sido comandado allí pensando que mi cometido sería principalmente religioso y de asistencia. Terminé descubriendo, otra vez, que en tiempos de guerra un septón también toma las armas y en, nuevamente, recurre a lo que sabe sobre anatomía, para tratar que los heridos en la batalla.
El resto de hijos y cónyuges no portadores de dragones, así como los marineros y yo mismo estuvimos en la cubierta del barco luchando contra los bombardeos constantes de las armas de asedio de los piratas, cargadas de fuego.
Durante la lluvia de proyectiles de las armas de asedio algunos de todos los involucrados fueron heridos de gravedad, como Lady Kaithlys, que sufrío una severa contusión que podría haberla dejado mermada para siempre, por suerte no fue así.
Dado que muchos habían sido heridos durante la primera ondanada de proyectiles, me quedé en el barco a asistir a los heridos mientras Daryl y el resto de los que aún tenían fuerza para luchar desembarcó en Isla Zarpa para acabar con la cabeza de la serpiente.
Al tiempo se empezaron a vitorear y escucharse los gritos de la victoria, Daryl regresó con una lesión que ponía en peligro su vista. Traté de todas las formas posibles ayudarlo junto a Aelys, no perdería la vista, no del todo. Isla Zarpa fue recuperada, no recuerdo la victoria con la alegría que pudiera esperarse. Al menos si con la tranquilidad de que no murió nadie de la familia real.
El mismo día que regresamos a Desembarco del Rey fui invitado al banquete de victoria concertado por el Rey Viserys. Una grata sorpresa pero ya no tan extraña dado el lugar que me había tocado tener, recuerdo las palabras del Rey Viserys durante el banquete, sobre ungir a su hija cuando él no estuviera, lo poco que pude rescatar de la cena quitando la discusión que casi acaba en trifulca.
Algo que recordaré para un futuro no tan lejano.
Acabando la cena tuve una conversación con Rhaemond Targaryen, que pareció interesado en tener una conversación conmigo, una algo agria... pero que quedó en buen puerto, al menos quiero pensar, para ambos.
No se que deparará el futuro para Poniente tras todo ésto, parece que ya se respira una paz...
... De la que sospechosamente no me creo ni la mitad."