Night City, 2077. La promesa del futuro se ha podrido en una ciudad-fortaleza dominada por las megacorporaciones. Donde la carne ya no basta, el cromo redefine lo que significa estar vivo.
Mercenarios, fixers, netrunners, rockerboys, techies y nomads cazan trabajos en el filo de la calle. Cada gig deja un crédito en la cuenta y otra cicatriz en el alma. La ley es lo que tu fixer y tu reputación digan que es.
"Todo el mundo quiere ser alguien. En Night City sólo sobrevive el que sabe a quién traicionar."
Aquí no hay héroes — hay leyendas, deudas y la próxima frase brillante antes del fundido a negro. ¿Hasta dónde llegarías por dejar tu marca?
Tras la IV Guerra Corporativa y la caída de la vieja Night City, las megacorporaciones —Arasaka, Militech, Kang Tao, Biotechnica— rehacen el mundo a su gusto. La política se cierra en juntas directivas; las decisiones se firman en sangre y NDAs.
Las calles las controlan las bandas: los Maelstrom abrazan el cromo hasta perder humanidad, los Tyger Claws mandan en Westbrook, los Voodoo Boys husmean en la Vieja Net desde Pacifica, 6th Street se cree los herederos de los EE.UU. caídos. Y entre todos, los edgerunners — mercenarios que rebanan finos los márgenes de la ley.
El cuerpo es modular. El cyberware convierte ojos en escáneres, brazos en armas, sistemas nerviosos en interfaces. Demasiado cromo y la te lleva por delante: la mente humana no soporta el peso de tanto metal.
Aún no hay partidas abiertas en este universo. Vuelve pronto.
La Net es ahora un páramo cerrado por el Blackwall, donde los netrunners corren contra IAs rogue que llevan décadas siendo libres. Los braindances permiten vivir los recuerdos de otra persona — incluyendo el último latido.
Pulp futurista, traición pequeña y violencia limpia. Promesas rotas envueltas en luces de neón. Style over substance, salvo cuando una bala te recuerda que la sustancia también cuenta.