Sistema
The Walking Dead RPG
Intérprete
xmoisew27
Crónicas
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Dimitri Malkov nunca entendió la fascinación de su hermano por los libros de medicina. Para él, el cuerpo humano no era un mapa de órganos que salvar, sino una máquina que debía resistir hasta el límite. Su padre, Erdov, lo decidió así desde el primer día: si Viktor iba a ser la mente, Dimitri sería el puño. En aquel hogar de Moscú, la disciplina no se discutía; se sentía en los pulmones quemados por correr bajo la nieve y en los nudillos perpetuamente ensangrentados contra el saco de arena. Mientras Viktor memorizaba nervios y arterias, Dimitri aprendía a qué velocidad debía moverse para no ser detectado y cuánta presión soportaba un hueso antes de ceder. No había espacio para la queja. En la jerarquía de su padre, el dolor era un ruido que debía silenciarse y la fatiga, una traición. Creció a la sombra de una exigencia física brutal, convirtiéndose en una presencia imponente, un muro de carne y reflejos diseñado para aguantar lo que nadie más podía. Su futuro no estaba en las aulas, sino en la vanguardia. Estaba destinado a ser el tipo de hombre que abre camino cuando el resto retrocede, el que no necesita preguntar por qué, solo hacia dónde disparar. El colapso no lo pilló por sorpresa; de hecho, fue el primer momento de su vida en el que todo el entrenamiento empezó a tener sentido. Cuando el mundo se volvió loco, Dimitri dejó de ser un adolescente para convertirse en un activo de seguridad. Recuerda el olor a metal y pánico en la azotea del hospital militar, el momento exacto en que sus padres los empujaron hacia aquel helicóptero. No hubo palabras de despedida, solo una última mirada de Erdov que decía: mantenlo a salvo. En ese instante, Dimitri aceptó una carga que no le correspondía, convirtiéndose en el escudo de un hermano que empezaba a mirar el caos con una curiosidad inquietante. Los años siguientes en los campamentos fueron un curso intensivo de supervivencia aplicada. Dimitri no aprendió medicina en los libros, sino en las trincheras. Se codeó con hombres que habían olvidado su nombre pero recordaban cómo limpiar un arma, y refinó su instinto hasta que la violencia se volvió su lengua materna. Mientras otros se quebraban bajo la presión de la pérdida, él se hacía más denso, más eficiente y, sobre todo, más letal. El punto de ruptura llegó cuando se dio cuenta de que el enemigo no solo estaba fuera de las vallas del campamento. Dimitri siempre había protegido a Viktor, pero llegó un momento en que no pudo ignorar el rastro de sombras que su hermano dejaba atrás. Él estaba acostumbrado a la muerte en el campo de batalla, a la lógica fría del intercambio de disparos, pero no a la crueldad metódica de los sótanos. Ver en qué se había convertido el intelecto de su hermano le revolvió algo que ni siquiera el entrenamiento de su padre pudo extirpar: un resto de honor. Sin decir nada, una noche simplemente caminó hacia el exterior y no volvió a mirar atrás. La sangre los unía, pero la oscuridad los había separado para siempre. Hoy, Dimitri sobrevive en la periferia, vendiendo su fuerza al mejor postor o a quien él considera que tiene una oportunidad. Es un hombre de pocas palabras que se mueve entre las ruinas con una precisión aterradora, alguien que ha aprendido que la supervivencia no se negocia, se impone por la fuerza. A pesar de su apariencia de gigante imperturbable, el silencio es su peor enemigo. En la quietud de las zonas muertas, se mira las manos y se pregunta si alguna vez servirá para algo que no sea destruir. La guerra lo hizo, la guerra lo salvó y ahora, la guerra es lo único que le queda. Su conflicto es simple pero devastador: si el mundo algún día se cura, él será el único monstruo que no tendrá un lugar a donde ir.
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.