“Vivir es su castigo, morir una bendición que no llegará.”
Una huérfana sin recuerdos de quien eran siquiera sus padres, lo único que conocía era la desgracia, el hambre, la suciedad y ese instinto de supervivencia que la volvía más un animal que una niña. No robaba, o al menos, no a los que veía con necesidad; aunque solía meterse en riñas y peleas contra otros niños con tal de “ganarse” algo de respeto entre ellos, ganándose cicatrices desde chiquita, pero aprendiendo a usar armas simples como palos o rocas con ello.
Esta riña constante fue lo que causó que quede fuera del orfanato. Sin embargo, tras días y días de caminar con frío y hambre, un ángel apareció. Una mujer que, no parecía de gran riqueza, pero al menos estaba arreglada, la acogió entre sus brazos tras verla moribunda en el suelo y la llevo a sus puertas para intentar ayudarla. Allí fue donde, por primera vez, conoció lo más cercano que iba a conocer al “amor materno” con 14 años.
Desde allí, la adoptó; y al hacerlo, la llevaba siempre con ella a trabajar a los aposentos de Ser Harrold, un hombre noble de no mucho conocimiento, pero suficiente riqueza para mantener a cuatro de sus generaciones vivas. El hombre la observaba con algo de asco, pues, ¿de qué sirve una niña? Pero pronto notó que la calle le había enseñado un par de truquillos extra, haciendo que ésta pudiera arreglárselas sola para limpiar/cargar cajas como aquellas pares de mayor edad que ella.
Así estuvo durante 4 años más hasta que, a sus 18 años, una simple oferta cayó en sus manos. Una de las nuevas sirvientas, cuyo nombre no fue revelado a Ellyn, se intentó robar piezas de platos muy brillosas y, cuando la atraparon, intentó culpar a Ellyn quien se molestó lo suficiente para empezar a gritarle en la cara, y cuando la sirvienta dio el primer golpe, Ellyn se apagó.
Sin embargo, solo se apagó dentro de ella. ¿En el exterior? Estaba dándole una brutal paliza a la sirvienta que acabaría dejándola gravemente desfigurada, sus manos casi rotas, y a Ser Harrold completamente sorprendido junto a las demás sirvientas. Fue en eso momento que, en una vuelta de tuerca, Ser Harrold le dio dos opciones.
Sírveme como caballera, o confronta las consecuencias de esto.
Y así comenzó su entrenamiento; aprendió a leer y escribir, aprendió a moverse en su armadura pesada y entrenó a diario con la espada, empezando a vestir los colores de su noble. Fueron años muy vivos para ella, tanto que, tras 8 años, llegaron los 26 con una caballera echa y derecha, espléndida, pero a su vez que levantaba controversias cuando otros de su especie la notaban.
No le importaba, si alguien la desafiaba, se metía en duelos “amistosos” para ver quién era mejor, y si bien no siempre ganaba, demostraba de lo que estaba hecha.
Por desgracia, un día de fuertes tormentas la desgracia golpeó a Ellyn nuevamente. Ser Harrold fue asesinado en sus aposentos mientras dormía, y cuando la caballera corrió al socorro del grito de una de las sirvientas, se vio altamente superada por cuatro criminales muy bien armados que la dejaron medio muerta y con daños permanentes en ella.
Secuestra por ellos, fue traída a la casa del noble enemigo, el cual envió esos asesinos. Y allí se volvió una “esclava” pero no convencional. Seguía siendo una caballera, sí, pero forzada a servir para este nuevo noble o morir, encadenada cuando le tocaba dormir o comer, pero cuando entrenaba, entrenaba recluida de otros caballeros y cuando salía junto al noble, siempre escoltada de caballeros leales a él para evitar que intentara nada estúpido.
Ahora, una nueva propuesta. Lord Peake le dijo fácil: gana este torneo, o muere.
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.