Jeyne nació en el Bastión del Cuervo, una fortaleza menor situada en una de las laderas de las Montañas de la Luna, donde los vientos del norte soplan con bastante fuerza. A diferencia de otras damas, Jeyne creció fascinada con las historias de los antiguos hombres.
Su padre, un guerrero leal pero de recursos limitados, no la educó para el bordado, sino para la supervivencia y desde que empezó a montar a caballo, siempre acompañaba a su padre en las cacerías. Heredó el cabello color fuego de su linaje, una piel clara como la nieve y una estatura un poco más alta de lo convencional. Es una mujer endurecida por el frío, por las horas de entrenamientos desde temprana edad y por la pérdida.
La Casa Starknight, a pesar de su linaje ancestral, ha caído en la ruina absoluta tras un invierno especialmente cruel en el que su padre perdió la vida y donde su hermano mayor hizo una mala gestión de las arcas. El Bastión del Cuervo se cae a pedazos, sus gentes pasan hambre y Jeyne toma una decisión pragmática, el oro de los premios de los torneos es la única forma de salvar su hogar.
Jeyne no ha viajado desde el Norte hasta el Dominio para jugar a las cortesías. Ha llegado a Vado Ceniza con la determinación de una mujer que tiene hambre, que carga con la responsabilidad de un pueblo entero y que sabe que, si no gana, su casa desaparecerá antes de que el primer cuervo blanco anuncie el próximo invierno.
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.