“"El deber de mi casa espera...Y mis sueños tambien"”
En esta historia, la historia de una mentirosa por necesidad... Hay un hogar, hay una familia, hay una cárcel y hay una libertad; temporal, eso sí. Porque de la persona de la que se habla no es Christian Dachs, es Judith Dachs.
La casa menor de donde viene esta hermosa noble; Es Dachs, el hogar del Tejón mielero, fuerte de caracter, fuerte de voluntad. Enfrentándose a absolutamente todo sin retroceder. Recuerden esto, ya que será una ironía muy grande.
Esta pequeña rama de la nobleza nacio a partir de la muerte del ultimo dragón, también se aliaron con la casa Targaryen en la Revolución del fuego oscuro, su fundador y descendencia ante tales eventos entendieron que incluso en los tiempos más oscuros uno deberá permanecer "Siempre fuerte". Ese lema ha permanecido a traves de las decadas, del orgullo de cada miembro, pues desde el primer respiro se les enseña a no someterse ante el trato injusto.
Una lección que Judith aprendió demasiado bien.
La pelinegra tuvo una infancia común dentro de lo que cabe, lecciones de baile, de modales, idiomas, arte y gestión del hogar. Todo para servir un único y en palabras de su madre "Proposito llenador del corazón" aunque en realidad era una forma elegante de decir que la iban a usar como moneda de cambio para alguna alianza, probablemente la casa Swan, por ejemplo... Ya que hace un tiempo se habían mezclado con aquella casa y desde entonces tienen buena relación.
Sin embargo, Judith creció anhelando un proposito mayor, las historias de caballeros errantes, el honor, la fama, el ver a su apreciado hermano; Christian ser ovacionado y luchar con la adrenalina encima. Le hacía quererse escapar de las largas lecciones de como ser una buena esposa, de hecho, logro ser tan insistente que convenció a su padre accedió a que aprendiera las mismas artes que el heredero de la casa.
Y así aprendió, bajo la excusa de que era terriblemente mala en las clases de baile, le dieron otro tutor; Reiner, un plebeyo que en su momento fue un gran caballero, hasta que la vejez le ganó en su fuerza. Le ayudó, con la simple condición de que le pagaran lo suficiente y sobre todo por parte de la familia; que el tema fuera un secreto a puerta cerrada.
Eso en parte la construyo mucho más como una guerrera, más el lema de donde venía más su naturaleza rebelde y curiosa le creo una reputación como; La indomable Judith.
Ella si bien estaba bien con la idea del matrimonio, no era una forma de hacerlo como moneda de cambio. Si no bajo sus terminos y condiciones, si le agradaba la persona, muy bien, si sentía algo...Era un trato hecho cuando se sintiera lista. Pero la tradición y los intereses pesaron más.
A pesar de no poder casarse con alguno de los Swan y varias de las casas de sus alrededores... Ya que la joven se esforzaba bastante en alejar pretendientes. Hubo uno en particular que no cedió. Un hombre estricto, longevo, de tradicion y sobre todo con una convicción muy fuerte en controlarla.
Aprovecho su poder político, carisma suficiente y dinero para convencer a la familia del trato. A pesar de las obvias quejas, no hubo vuelta atrás, se pensaba que finalmente se enderezaria bajo las expectativas que se tenían.
Y como siempre era esperado, no fue así. Lo cierto es que había cosas que amaba ella; montar a caballo, luchar, la cerveza que de vez en cuando Reiner le traía, las historias de caballeros errantes, su confiable dama de compañía... también esos paseos por el campo y ver esos duelos que la hacían soñar.
Cosas que a su esposo; no le gustaban, pues todas se las prohibió tal cual ley, ley irrompible, ley en piedra... Que en caso de romperse sufriría grandes consecuencias.
Igualmente habían peleas frecuentes, el extrañar a su familia, su casa, sus costumbres y el ambiente que a pesar de ser estricto, tenía sus libertades... Y lo peor de todo, el hombre era violento, explosivo, siempre trataba de intimidar de alguna u otra forma pero ella nunca se dejó ni bajonear ni atemorizar por aquel sombra de ser humano.
Aguanto como 3 años de todos esos malos tratos, por el honor de su familia, porque a pesar de ser una casa en ascenso necesitaban el dinero y la influencia de este ser porque llegó a creer que su familia la rescataría de esta situación o que en la parte más oscura de su mente... esperaba que la edad matara a su esposo.
Eso hasta que se atrevió a ponerle una mano encima, la empujó e incluso le llegó a intentar golpear. Sería demasiado poco decir que Judith explotó en ira, sería demasiado gentil parlar que aquel hombre sufrió muchas heridas, sería minimizar rumorear que lo más probable es que toda su vida dependería de un bastón y tendría un dolor en la pierna hasta la tumba.
Entonces consiguió el divorcio, a un costo muy grande. Trajo vergüenza a su familia, trajo un peligro social en pleno día, una nueva forma de poner en peligro la posición política de su familia... Y aunque regreso a casa, tuvo que aislarse por completo de la sociedad y olvidarse de alguna vez ver la luz del día.
Aún así, no se arrepintió ni un poco de haberle roto la pierna a ese viejo verde. Y claramente solo le quedó la convivencia incómoda con sus padres y la lástima de su hermano Christian.
Y pasó más tiempo, más soledad, su única compañía siendo su dama de compañía Helga, su maestro Reiner y su ya lastimero amigo Christian; cada uno le dio una versión limitada de lo que era el mundo exterior... La de Helga, su vida en la casa, los chismes dentro de esta en cuanto a los trabajadores que había, de Reiner las historias de su vida como caballero. Y de Christian las historias de sus duelos y de cómo poco a poco las esperanzas para salvar ese apogeo de los Dachs subía exponencialmente.
Mientras ella era la vergüenza, su hermano era el orgullo. Y ese orgullo si traería prosperidad.... Hasta que empezó a tener sueños extraños con tintes proféticos.
A perspectiva de todos los de su círculo cercano, simplemente se había vuelto completamente loco al ver visiones en la noche. Gritaba y se retorcía, se colocaba en la esquina de su habitación mientras se negaba a salir, lloraba... Juraba que si cruzaba el río en camino al torneo moriría.
Dicha visión, por lo poco que sabía la noble tenía que ver con un gran incendio que comía hasta las bases de un edificio. Por lo tanto, se negaba como un animal asustado, no había forma ni voluntad que lo sacará de ahí. Y quedaba claro que con eso los Dachs estarían en graves problemas... En la desesperación y en un intento de quitarse la frustración, la más joven se puso a fingir ser caballero, a fingir tener la libertad con la que alguna vez soñó. A poder limpiar de un tajo las dificultades que la atormentaban a ella y a su hermano.
Peleó con la sombra, con fuerza, determinación. Sus movimientos eran fluidos, años de imitar al heredero cuando no podía aprender a “bailar” pero también tenían la evidente molestia de quedarse sin hacer nada. Tenían la fiereza que se aguantó por años ante su ex marido, tenía el deseo de viajar, de admirar el mundo a través de sus propios ojos... Y a plena luz del día luchó y luchó con figuras imaginarias que quedaban puestas en los muñecos de pruebas.
Y ahí, en la luz del atardecer fue vista por cada miembro cercano de la casa Dachs y su propia familia. Que, quedaron en completo e incomodo silencio, viendo la solución de sus problemas en lo que averiguaran como sanar al heredero de la casa de esta terrible condición.
Judith cansada, con el sudor en la frente y la mente más clara. Entendía que tenía luces y sombras en si misma, deseos que justamente se alinearon con las metas de aquellos que la analizaron, aquellos que la bautizaron como:
“Muy bien... Christian Dachs, renaciste con ojos más bonitos y un carácter más tosco. Es hora de que muestres tu fortaleza y traigas prosperidad a la familia.”
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.