Nacido en el año 89 d.C., Alaric Belmore fue el segundo hijo de Ser Marq Belmore, hermano del señor de Rapsodia. Mientras su hermano mayor aprendía a gobernar, a él le enseñaron a servir, una tradición para el segundogénito tan antigua como la propia casa Belmore.
Con apenas nueve años fue enviado al Nido de Águilas para servir como paje de la Casa Arryn. Allí descubrió pronto que el Valle no perdonaba la mediocridad. Los hijos de los nobles competían por el favor de sus señores con la misma intensidad con la que los caballeros competían en el patio de armas. Alaric no era el más ágil de los suyos, pero aprendía deprisa y demostraba lo entrenado sin vacilar. Solía escuchar las historias de los caballeros que visitaban el Nido de Águilas y anotaba mentalmente los errores que solían cometer, comprendiendo que los caballeros célebres rara vez morían de viejos.
Fue nombrado escudero de Ser Gwayne Hardyng, un caballero cuya fama provenía de haber sobrevivido a décadas custodiando los pasos de montaña del Valle. Gwayne solía repetir que una espada servía de poco si quien la blandía no era capaz de dominar su propio orgullo. Bajo su tutela, Alaric aprendió que la paciencia era una virtud tan marcial como el valor.
Fue armado caballero antes de cumplir los diecinueve años, tras escoltar una caravana de suministros que atravesó los clanes de las Montañas de la Luna sin perder un solo carro. Semanas de marchas, emboscadas evitadas y decisiones tomadas con la cabeza fría hicieron evidente que conservaba la calma cuando otros empezaban a perderla. Aquella misión bastó para que Lord Arryn reparase en él.
Poco después fue admitido en la guardia personal de la Casa Arryn, un honor reservado a hombres cuya lealtad estuviese por encima de toda duda. Durante casi una década custodió al señor del Valle, recorriendo los caminos que unían Puerto Gaviota con el Nido de Águilas y los castillos de los señores menores del Valle. Aquellos años le enseñaron que los mayores peligros rara vez anunciaban su llegada con el estruendo de una carga de caballería. Con frecuencia vestían terciopelo, hablaban con cortesía y sonreían antes de clavar la daga.
Su reputación creció lejos de las justas. Nunca sintió interés por perseguir la gloria de los torneos, convencido de que una lanza rota ante un millar de espectadores valía menos que regresar con vida de una misión que nadie recordaría.
Los años al servicio de los Arryn hicieron de Alaric un rostro conocido entre las grandes casas del reino. Cuando la Corona solicitó candidatos para reforzar la Guardia Real de Viserys I, Lord Arryn propuso su nombre. No solo por la estrecha relación entre el Trono de Hierro y el Valle tras el matrimonio del rey con Aemma Arryn, sino porque pocos hombres representaban mejor las virtudes que los Arryn esperaban ver bajo una capa blanca: disciplina, discreción y lealtad.
Alaric llegó a Desembarco del Rey con casi treinta años y vistió el blanco sabiendo que aquel juramento le despojaría para siempre de cualquier aspiración de formar una familia, heredar un castillo o dejar descendencia. Como todos los hermanos juramentados de la Guardia Real, pasó a pertenecer únicamente al rey.
Aún no hay crónicas. La historia espera a ser contada.