Dos días de estrés continuaron hasta que Lord Larys me hizo llamar una tarde al consejo privado. Me extrañó, pero accedí de todas formas.
En la sala ya se encontraban Rhaemon, Daenkiel y Maelle, la bastarda. Pasaron unos minutos de silencio incómodo hasta que una de las puertas se abrió.
Giré para mirar, con algo de desgana, y vi a Daryl Velaryon.
Me enorgullecí al verlo. Ese hombre me salvó la vida, al igual que yo hice lo propio con él, y después se convirtió en el heredero de Marcaderiva. Y pensar que todo empezó con un inexperto Guardia Real y un falso copero.
Le asentí en forma de saludo desde mi posición.
—Por fin estamos todos... Disculpad el desconcierto y el secretismo por la finalidad de esta reunión, aunque algunos de vosotros os podéis hacer una idea. Si bien trataremos el primer punto... —dijo Larys, mirando a Daenkiel.
El septón habló con Daryl, saludándole, y confirmó después el fallecimiento del rey Viserys. Le contó que su último deseo había sido que Aegon reinase. Después se levantó, se acercó a Daryl y le susurró algo al oído, terminando por contarle que teníamos un nuevo rey.
—Esto generará... tensión —dijo Daryl.
—Es por ello que te hemos pedido que acudas —respondió Larys, haciendo un ademán para que tomásemos asiento.
Yo me quedé de pie.
Daryl me dio un toque en el hombro.
—Es un gusto veros —me murmuró.
Le asentí nuevamente en señal de respeto.
—Todos los aquí presentes habéis tenido tratos conmigo. Por el fructífero beneficio mutuo, os pido que confiéis en mí una última vez. Después, todas las deudas que tengáis conmigo hasta la muerte serán saldadas —dijo Larys.
—Yo desfalcé el tesoro real por vos. Mi deuda está saldada —replicó Daryl.
Le miré de reojo. No me había enterado de aquello.
—Por el bien de un Poniente unido y sin conflictos, le vendría bien escuchar a Lord Larys —dijo Daenkiel.
—¿Cuáles son vuestras intenciones, pues? —respondió Daryl.
—Proteger el reino. Rhaenyra no puede ser reina, va en contra de la Fe. Viserys vio esto en su lecho de muerte y se lo comunicó a Alicent. La Casa Velaryon siempre ha tenido una estrecha relación con los Targaryen, viniendo de Valyria junto a los Celtigar. Es por ello que la Casa Targaryen os necesita a vos, vos y vos.
Miró a Daryl, después a Maelle y finalmente a Daenkiel.
—¿Vos conocéis las leyes de los dioses y los hombres, Lord Daryl? Vos os beneficiáis de ellas —explicó Rhaemon—. Entonces os comento que, en cuanto a beneficio neto, es mejor mantener a la mayor parte del pueblo conforme a sus tradiciones.
—Pero eso le interesa a vuestra casa, señor. ¿Qué ganamos nosotros? —intervino Maelle.
—¿No estáis cansada de esconderos con vuestro... dragón? —dijo Larys—. Como Rhaenyra y su bando se enteren de que robasteis un huevo y un dragón, no estarán muy contentos.
—Larys sabe muchas cosas... —dijo Rhaemon—. Sabe que tenéis un dragón.
—¿Alguno de esta mesa ha visto a ese dragón? —respondió Maelle, reticente.
—No —dije.
—No hace falta verlo para saber que existe —respondió Daenkiel.
Daryl soltó una suave risa.
Otra semilla de dragón más. Ahora entiendo por qué hace cuatro años le tiró una oreja de oveja a Robaovejas. Aun así, fue una estupidez.
—Lord Larys, me gustaría saber, sobre todo, la situación de lo que queda de la familia Targaryen. No estuvieron presentes en la coronación de Aegon II, así que dudo que hayan sabido de esto hasta no hace demasiado. Y creo que son quienes peor se pueden tomar el hecho de lo que ha pasado —dijo Daenkiel.
—Esa información os la contará Otto encantado —respondió Larys.
—Daemon no se tomó muy bien cuando Daryl tomó a Robaovejas. Entonces, lo único que te queda es llegar a un acuerdo aquí —dijo Rhaemon.
—¿Qué quieres decir exactamente? —preguntó Maelle.
—¿No recuerdas sus palabras? Que robaron un dragón y que solo deberían tenerlos los Targaryen. Ellos te lo quitarían —respondió Rhaemon.
—Y, además de eso, te mandarían ejecutar —añadió Daryl.
—¿El dragón que nadie ha visto? —volvió Maelle a la defensiva—. No me opongo a vuestras ideas. Estoy dispuesta a colaborar, sin embargo...
Larys le ofreció un rollo de papel con un sello Targaryen.
—¿Qué es esto?
—Pensamos que, si obtuvierais tierras, un blasón y un apellido, sería más fácil negociar, dejando atrás el apellido ligado a los bastardos —dijo Larys.
—Bueno... Esto cambia las cosas —respondió Maelle satisfecha, tomando la carta—. Está bien. ¿Qué necesitan?
—Que juréis lealtad y, con ello, la ayuda al reino.
—Férrea. Lealtad férrea. Larga vida al rey —respondió Maelle con una sonrisa.
Daryl, con el ceño fruncido, fue el siguiente en ser persuadido por Larys.
—Mi casa hincó la rodilla cuando Rhaenyra fue elegida sucesora en el pasado. ¿Por qué voy a elegir ahora a este nuevo rey? ¿Por qué cambio de opinión?
—Viserys siempre quiso un varón. Sabía que Rhaenyra causaría descontento entre los señores de las grandes casas, al igual que enfadaría a la Fe —intervino Rhaemon.
—Ser Alaric... ¿Os puedo hacer una pregunta? —dijo Larys.
Me pilló desprevenido.
—¿Hm? Adelante.
—Creo recordar, por vuestra edad, que fuisteis conocedor de la decisión de Jaehaerys I. Eligió a Viserys aunque Rhaenys tenía más derecho al trono.
—Bueno, sí... El concilio eligió a Viserys, hijo de Baelon —respondí.
—Porque sabían... —dejó hablar Rhaemon.
—A pesar de que su sucesora era una mujer mayor. ¿Por qué, septón? ¿Por qué las leyes de los dioses nos dicen esto? Porque el pueblo lo cree y se alzará en armas si considera que debe hacerlo. Lo único que podemos hacer es esto: una alianza —dijo Rhaemon.
—¿Cómo se tomará Rhaenyra que ya no es reina? —preguntó Daryl.
—En el mejor de los casos, lo aceptarán. Pero no lo harán y usted lo sabe. Es por ello que necesitamos ayuda en el mar Angosto y, por tanto, sus dominios y flota podrían ser de gran ayuda. Tiene un dragón que ya le ha ganado a Caraxes, y también tenemos a Morghulion, Fuegosolar y Vhagar... —dijo Rhaemon.
—Y Tessaerion, el dragón de Daeron —añadió Larys.
—¿Entonces, si mis tierras se ven bajo la furia de Caraxes, los dragones del reino irán en mi ayuda? —preguntó Daryl.
—Así es —respondió Rhaemon.
Larys le dio otra carta a Daryl y me aconsejó que la abriera junto a Corlys.
Larys dio dos toques al suelo y, después, Aegon II abrió la puerta. Entró con una sonrisa en la sala del consejo, recién llegado de entrenar junto a Aemond.
Por la otra puerta entró Otto.
Pude ver de reojo a las princesas, hijas de Rhaenyra, que se quedaron fuera durante unos segundos.
—Señorita Maelle... Si podéis tomar otro asiento, por favor —dijo Otto, detrás de Maelle, que ocupaba el asiento de la Mano.
—Lo que diga mi rey —respondió.
Me reposicioné detrás del rey.
—El sitio de Maelle es el de la Mano —dijo Daryl.
—Es cierto. Cambiaos de sitio —dijo Aegon sonriente—. Oh, he visto que no habéis abierto mi regalo. Tenía ganas de verte.
No presté mucha atención a aquello, pero llegaron a un acuerdo para casar a Maelor con la hija de Daryl. Parecía creer que la oferta era muy generosa. Una alianza que, por lo que pude escuchar, perduraría muchos años.
—Entonces, solo para que no quepa duda... Ser Larys Strong —dijo Aegon.
—Oh, sí... Juro lealtad al rey Aegon Targaryen —respondió Larys sonriente.
Todos miraron a Kaithlys, esperando su respuesta. Yo también posé mi atenta mirada sobre ella.
Tardó unos segundos en reaccionar. Agachó la vista y después intercaló la mirada entre Aegon y Otto.
—¿Qué ha sido de mi madre y mi otra hermana? ¿Dónde están ellas? —preguntó Kaithlys mirando a Otto.
—Calculo que las noticias ya habrán llegado a Rocadragón. Les hemos ofrecido ser vasallas en Rocadragón, ser Lady de esas tierras. Paz. Es lo que les hemos ofrecido —dijo Otto.
Kaithlys pensó durante unos segundos más hasta mirar a Aegon.
—Hasta... hasta que no pueda haber mi madre aquello que propondrán, Ser Otto, no puedo dar una respuesta.
—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? —respondió Aegon.
—Mi madre es quien debía ser la heredera directa de la Corona y convertirse en reina...
Otto le explicó que Viserys había cambiado de opinión en su lecho de muerte, eligiendo a Aegon.
Kaithlys volvió a pensárselo, mirando a Otto con cara de sorpresa. No podía creerse que hubiese cambiado de parecer. Después le echó una mirada rápida a su hermana.
Mi paciencia se estaba acabando. Era realmente una pregunta con dos respuestas y no paraba de dar rodeos.
Rhaemon intentó convencer a Kaithlys explicándole la versión que conocíamos: que Viserys quería un heredero varón.
—Sí, lo juro... —dijo Kaithlys tras otros segundos de incertidumbre.
—Yo juro lealtad al rey Aegon Targaryen —dijo Maelle después.
—Como bien sabéis, os juro lealtad, mi rey —dijo Otto.
—Mi lealtad está con el pueblo de Poniente y la Fe de los Siete. No puedo dar fe real de que mi lealtad esté totalmente con vos cuando es mi fe la que predomina. Pero, si la gente está contenta con vos, podéis considerarme leal —dijo Daenkiel.
Después todos me miraron.
Yo, pensando que había alguien detrás de mí, miré hacia atrás.
No había nadie...
Me giré y miré a Aegon en silencio.
—Lord Comandante... ¿Qué juráis? —preguntó Otto.
—Mi Lord Mano, yo ya realicé mis juramentos. Creo que es un poco redundante —respondí con sinceridad, mirando a Otto.
Daryl se levantó de su asiento, se arrodilló en dirección a Aegon y ofreció su espada.
—Yo, como heredero de la Casa Velaryon, juro lealtad al rey Aegon.
Una sonrisa invadió mi rostro.
—Yo juro lealtad al rey Aegon Targaryen —continuó Rhaemon.
Aemond no dijo nada hasta que Otto carraspeó para llamar su atención.
—Sí... Os seré leal, hermano —dijo finalmente.
—Juro lealtad al rey —dijo Aelys con una sonrisa, asintiendo.
La pareja no parecía muy conforme.
—Como veis, al igual que vosotros, otros muchos deben jurar o reafirmar lealtades. Por ello, hay que asegurarlo —dijo Otto—. Aemo...
Kaithlys cortó al Lord Mano.
—¿Qué les pasará a aquellos que rehúsen jurar lealtad? ¿A aquellos que no quieran?
Una falta de respeto cortar a alguien mientras habla, en mi opinión.
—Se les darán incentivos, al igual que a Lord Daryl. Aemond y Kaithlys iréis a Bastión de Tormentas. Aelys y Rhaemon marcharéis al Norte. Daenkiel, Daryl y Ser Alaric marcharéis al Nido de Águilas. Maelle, vos marcharéis a las Tierras de los Ríos y os reuniréis con el resto cuando todos finalicen. Empezaréis por asegurar Harrenhal —dijo Otto.
Cuatro años más tarde, el Trío Calavera volvía a reunirse.
Y, conociendo nuestro historial, puede que el viaje salga mal.
Una de las princesas empezó a hablar con Aegon para convencerle de cambiar la planificación de un viaje. Me pareció un poco absurdo y, francamente, solo podía pensar en nuestra increíble reunión.
Todos comenzaron a marchar, menos Kaithlys, quien quiso una audiencia con el rey. Me quedé por si acaso, al igual que Rhaemon, que parecía esperarla.
La princesa me miró de reojo, se levantó y se acercó a Aegon, quien la miraba extrañado. Se acercó todavía más para susurrarle algo.
—Bueno... eres tú quien se me está arrimando así —dijo Aegon en voz alta.
—Puedes preguntármelo... Están mi hermano y el Lord Comandante. No hay ningún... ningún problema.
—Es la misma palabra. Soy la misma persona —respondió Aegon.
Todo aquello me pareció muy raro. Miraba con una ceja alzada.
—No, no... Es cierto. Hemos enviado cuervos y ya habrán llegado, si es que no han llegado. Te explico: mi madre montó un caos generacional con entregar correspondencias, paz y amor... y lo hicimos. Todo bien. ¡No te preocupes! —dijo Aegon, feliz.
—Está bien... ¿Pero dónde sacaste ese rumor de hace cuatro años? ¿El de que era una puta? —preguntó Kaithlys.
—Ah, me lo dijeron otras putas —respondió Aegon.
Al ver que la conversación no iba conmigo, me limité a observar los movimientos de Kaithlys por si hacía algo extraño. Se limitaron a acariciarse un poco y, antes de marcharse, la joven princesa me miró.
—Alaric —dijo para despedirse de mí, sin referirse a ninguno de mis títulos.
Me pareció una falta de respeto, pero decidí obviarlo por mi propia salud mental.
—Rhaemon, ¿podemos hablar? —le dijo a su tío.
—Claro. Justo quería intercambiar palabras con vos —respondió Rhaemon.
Los príncipes se marcharon de la sala y, poco después, lo hizo el rey, a quien acompañé.
Tras dejarlo a salvo, marché junto a Daryl y Daenkiel.
..el Trío Calavera volvía a estar completo...