El acero es mi pincel. El mundo, mi lienzo.
10 de julio de 2026
En progreso
Sistema
Zweihänder Grim & Perilous
Ambientación
La Danza de los Dragones
Intérprete
DoctorPlague99
Crónicas
1
Zakar nació en el año 100 d.C., lejos de los grandes salones y de las casas nobles. Su madre era una humilde restauradora de esculturas y frescos, una mujer paciente que le enseñó que toda obra perduraba únicamente si había sido creada con precisión. De ella aprendió a observar hasta el más mínimo detalle y a respetar la disciplina que exigía cualquier forma de arte.
Mientras otros muchachos soñaban con convertirse en caballeros o mercenarios, Zakar pasaba las horas contemplando a los espadachines que entrenaban en los patios. No admiraba su fuerza, sino la armonía de sus movimientos. Comprendió muy pronto que una espada podía ser tan elegante como un pincel y que un combate perfecto podía emocionar tanto como una pintura.
Un veterano maestro de armas terminó aceptándolo como aprendiz. El anciano descubrió que el muchacho poseía un talento poco común: era capaz de memorizar una técnica tras verla una sola vez y comprender no solo cómo ejecutarla, sino por qué funcionaba. Sin embargo, nunca se conformó con copiar. Cada nuevo movimiento lo refinaba, eliminando todo gesto innecesario hasta convertirlo en algo propio.
Aquella obsesión por la perfección hizo que comenzaran a llamarlo "El Artista". No porque pintase cuadros, sino porque veía el combate como una forma de expresión. Para Zakar, cada guerrero dejaba una firma invisible sobre el acero, y cada estilo era una obra distinta que merecía ser comprendida. Su reputación, aunque discreta, empezó a llegar a oídos de quienes buscaban instructores poco convencionales. Con apenas dieciocho años recibió una oferta inesperada: viajar a Poniente para convertirse en maestro de esgrima de Daenyra Targaryen, una joven de dieciséis años perteneciente a la Casa del Dragón. A muchos les pareció una locura confiar la formación de una Targaryen a un extranjero tan joven, pero quienes habían presenciado a Zakar blandir una espada sabían que había algo extraordinario en él. Su reputación, aunque discreta, empezó a llegar a oídos de quienes buscaban instructores poco convencionales. Con apenas dieciocho años recibió una oferta inesperada: viajar a Poniente para convertirse en maestro de esgrima de Daenyra Targaryen, una joven de dieciséis años perteneciente a la Casa del Dragón. A muchos les pareció una locura confiar la formación de una Targaryen a un extranjero tan joven, pero quienes habían presenciado a Zakar blandir una espada sabían que había algo extraordinario en él.
Aceptó sin vacilar.
No lo hizo por el oro ni por el prestigio de servir a una de las familias más poderosas de los Siete Reinos. Lo hizo porque comprendió que, si quería alcanzar la perfección, debía medirse junto a aquellos cuyo destino acabaría escribiendo la historia.
Cuando llegó a la Fortaleza Roja, encontró una corte envuelta en aparente tranquilidad. Bajo el reinado de Viserys I, la prosperidad parecía inquebrantable y los dragones dominaban los cielos como símbolo del poder absoluto de los Targaryen. Sin embargo, Zakar percibió algo que muchos ignoraban: incluso la espada mejor forjada termina quebrándose si la tensión es demasiado grande.
Así comenzó una relación basada en la disciplina y el respeto mutuo. Mientras enseñaba a Daenyra a dominar la espada, él mismo descubría que el mayor desafío no era perfeccionar una técnica, sino preparar a alguien para sobrevivir en un mundo donde la elegancia del acero siempre acababa teñida de sangre.
Y aunque todavía era demasiado joven para comprender la magnitud de los acontecimientos que se avecinaban, una certeza empezó a arraigar en su interior:
Las mejores obras de arte nunca nacen en tiempos de paz.
10 de julio de 2026
En progreso