Año (número)
21
Era (A.A. / D.A.)
A.A.
La Crónica del Alcázar dice que empezó por un agravio: un heredero Solera humillado en la corte, una restitución negada. Los pliegos de la Marca dicen que empezó por codicia, y que la conjura llevaba años cosida con bodas — Karrick, Lumbre y Velarde desposadas con el sol una generación antes de que nadie desenvainara. Ambas cosas pueden ser ciertas. Suelen serlo.
Lo que siguió no fue un golpe: fue una guerra de veintiún años, y no hay casa en el reino que no la pagara. El Puente de los Cuervos se llevó en una tarde a más nobleza que el Mal Gris en tres años, si hemos de creer al clérigo Osmel — y en la Noche de los Estandartes ardieron juntos pendones de los dos bandos, que el fuego no sabe de lealtades. Los Ormond llamaron a todos: acudió Leynnar con sus vados, y acudió Braña, que ni siquiera era del reino y cruzó su frontera por una deuda que ningún pliego explica. Velarde perdió a tantos que su señor juró que el Tercero se había quedado «sin una generación entera de manos». En la Marca aún se cuentan los nombres.
A mitad de la guerra, la Brasa cambió de bando y abrió el Quinto, y durante un año entero pareció que la corona vieja aguantaría. Luego vino la Marcha de las Cenizas — cuarenta leguas de granjas ardidas para que el Centro no comiera — y después de aquello ya nadie habló de aguantar, sino de acabar.
Venció el sol. El año en que Wulfric Ormond rindió el Centro es el año 0 de nuestro calendario, y quien quiera saber lo que costó no tiene más que abrir cualquier linaje del reino por esas fechas y contar las cruces.