Año (número)
281
Era (A.A. / D.A.)
D.A.
Empezó, según el dictamen de la corte, en una cocina del ala vieja; a los curiosos que preguntaron por qué una cocina apagada a esas horas, el dictamen no les contesta. Ardió toda la noche. El Alcázar perdió el ala entera, y con ella el archivo real: cartas, tratados, las actas de tres siglos.
Murió gente de toda condición, y entre ella — cosa que dio que hablar — sangre del propio sol, que según unos volvió al fuego por alguien y según otros por algo. Los pliegos de la Marca, siempre atentos a las desgracias del Centro, anotan con cuidado la lista de documentos perdidos: el tratado de la Bruma original, las actas de la Querella, y «cuanto papel podía contradecir a la Crónica del Alcázar, que por fortuna para alguien se guardaba en otra ala».
Desde el 281, la historia del reino se sostiene sobre menos papel que nunca — y los que la escriben lo saben. Puede que sea casualidad que las versiones de la corte se hayan vuelto, desde entonces, tan difíciles de desmentir. Puede.