Año (número)
300
Era (A.A. / D.A.)
D.A.
Trescientos años de sol merecían fasto, y la corona no reparó: diez días de justas, siete círculos convocados, perdón general de deudas menores y grano gratis en los mercados del Centro. Vinieron todos — hasta la Marca, que no pisaba una fiesta del Centro desde el año 0 — porque no ir era decir algo, y la Marca lleva tres siglos midiendo lo que dice.
Las justas las ganó, para incomodidad general y regocijo de los bardos, un caballero de la casa Ormond. Diez lanzas rotas, ningún favor pedido. Cuando llegó la hora de recibir el laurel de manos del sol, el Centro entero contuvo el aire: los pliegos juran que la pausa antes de que doblara la rodilla duró «lo que un padrenuestro rezado despacio». La dobló. El rey sonrió. Los bardos, que saben su oficio, cantan la pausa y no la rodilla.
No todo fue laurel: las justas se cobraron un noble del Tercero, con lanza de cortesía y yelmo nuevo, para recordar que ni las fiestas de este reino salen gratis. La Crónica del Alcázar llama a aquellos diez días «la prueba de que el reino es uno». La Crónica no aclara ante quién hacía falta probarlo.