Año (número)
20
Era (A.A. / D.A.)
D.A.
La justificación fue impecable: Braña había cruzado su frontera para sostener a los Ormond en la gran guerra, y las deudas de sangre se cobran. Que el resultado fuera exactamente lo que la corona llevaba siglos queriendo — todos los círculos bajo un solo cetro, sin rayas ni aranceles — es de esas casualidades que hacen sonreír a los cronistas viejos.
La campaña duró cuatro años y ninguna batalla mereció nombre. Columnas enteras entraron en la niebla y no salieron; vados que la víspera eran seguros amanecían de otra manera; las fiebres mataban más despacio que el acero, y a más gente. El cantar del Camino Hundido jura que el pantano se tragó mil lanzas en una noche. Los cantares exageran. Los registros de Solera, que no exageran, dejaron de publicar las levas al segundo año.
Al cabo, el peso venció al barro. El tratado borró la frontera y los aranceles, fundió los pantanos en el Sexto — que Braña comparte desde entonces con Karrick y con la Marca de los Ormond — y añadió una cláusula que valía por todas: las hijas del pantano cruzarían el río hacia el Centro, generación tras generación, como prenda. Braña firmó, cumplió y no dijo nada. Braña nunca dice nada. Es su manera de recordar.