La crónica de
SANGRE Y CENIZA
Crónica de los Siete Círculos, del Ascenso al presente
Según la pluma del clérigo Osmel, cotejada con los pliegos de la Marca y la Crónica del Alcázar — que rara vez cuentan lo mismo.
Para los que cuentan primero a los muertos y después el grano.
Prólogo
Justificación
"En nombre de la verdad"
La Iglesia Regentista, usó la usurpación de la Casa Solera (identificaremos el Ascenso como usurpación basándonos en los hechos tajantes mencionados por la crónica, no obstante, la Iglesia pretende no posicionarse ante tal hecho histórico). La denominación de "usurpación" viene por tomar la definición literal de la palabra, dado que reivindicación o conquista, como otras personas han sugerido escribir en esta crónica, no suponen definiciones exactas de este suceso histórico.
Otro de los motivos por los cuales la crónica empieza en la usurpación, es por la necesidad de concretar un fechado histórico en los sucesos, aunque tras los años, se ha utilizado el Ascenso de la casa Solera como sistema oficial en la cronología de los Siete Círculos. Se debe tomar consciencia sobre que este fechado no es preciso, la guerra de usurpación, mencionada oficialmente como "El Golpe del Sol", duró aproximadamente 21 años. El Ascenso, que es el inicio del fechado, (A.A antes del Ascenso, D.A, después del Ascenso), sucedió un año más tarde. Esta decisión sobre el fechado vino impulsado por tres motivos, el primero, la erradicación de todo escrito y historiología pasada. El segundo, la legitimización de la Iglesia Regentista. Y el tercero, la imposición por decreto del primer regente del centro, Cassian Solera.
La casa Solera sin embargo, no tenía ningún tipo de reivindicación legítima sobre el trono, como bien se sabe, el mundo lo creó nuestro Rey-Dios. Nuestro Rey formó sobre las ruinas de un mundo roto (extracto literal del libro "El Origen de los Siete Círculos — teología regentista").
«Nuestro Rey formó sobre las ruinas de un mundo roto siete círculos. En el centro de todo, alzó la capital y un trono. Desde su propio círculo, abrió los otros seis con sus mano para que cada alma tuviera el lugar que merecía. En el segundo anillo moran sus allegados, los amigos de antaño, los que nunca dudaron. En el tercero, los valientes, los que sostienen la lanza cuando los demás vuelven la espalda. El cuarto guarda a la sangre de su sangre, y a aquellos por quienes sus allegados responden. Más afuera, el quinto, donde viven los conocidos, gente de mano firme y ánimo quieto. Y en el sexto, los mundanos, los que aran y los que rezan. El séptimo no se cuenta entre los círculos de los vivos. En su borde, donde el viento sabe a sal y a ceniza, esperan los Hombres de Piedra, los protectores ante los peligros que albergan más allá del séptimo círculo.»
Si bien es cierto que este extracto presenta algún ensalzamiento y alegorías insustanciales, definen bien la supuesta intención de la creación del mundo que conocemos. Aunque la actualidad ya no presenta el sesgo entre círculos que presuntamente se deseaba preservar hace ya más de mil años. Lo único que se preservó hasta antes de El Golpe del Sol, fue la casa regente. Se desconoce por qué nuestro rey-dios prefirió a la casa Ormond por encima de las demás, o si el relato se dilató a lo largo de los años y al igual que la casa Solera ellos también tomaron el reino regente. Pero lo que si es cierto, es que Wulfric Ormond era el regente del centro cuando la usurpación inició.
La situación sociopolítica de antes de la usurpación de la casa Solera era sino mas bien particular, las siete grandes casas ya existían desde hacía cientos de años, quizá desde la propia creación del mundo. Pero en algún momento de la historia previa a nuestro relato, quizá quinientos años antes o cien (no se puede saber con exactitud, siquiera aproximación cuando), la casa Braña tomó independencia de los Ormond. Los reyes Ormond lo consintieron durante generaciones. «No hay gloria en conquistar un barrizal», dejó escrito un clérigo en el 71 A.A, «y sí muchas maneras de ahogarse en él.»
De cómo se cuenta lo que sigue
Aquí empieza, pues, la crónica de Sangre y Ceniza: del Golpe del Sol y su gran guerra, de la Bruma subyugada, de la Querella y la Traición, del Mal Gris y los inviernos, hasta los Esponsales Rotos. Trescientos veintisiete años. Que el lector cuente las cruces por sí mismo.
Capítulo I
El Golpe del Sol
21 A.A. – 0 D.A.
Dicen que Wilmot Ormond tuvo cuatro hijos al igual que su padre Lothar Ormond, el primer regente del que se tiene constancia en los escritos. Wilmot tenía dos hermanas y un hermano, y fue el único que no vio con sus propios ojos El Golpe del Sol, pues murió antes por enfermedad. Los clérigos de la capital y otros maestres aseguraban que sufrió de una rara enfermedad. La llamaron quemadura de amapola, pues su piel olía a quemado y su carne se desprendía lentamente. Un maestre y caballero llamado Ser Let de la Laguna, dató que fue la angustia quien le causó esta enfermedad. Ser Let escribió:
«Nuestro Lord Wilmot Ormond apodado como "Capa Negra" por el enorme accesorio hecho con piel de oso que portaba, sufría cada vez que su esposa Cedrina daba a luz. Pues del vientre de nuestra dama Cedrina, solo salían mujer»
Hasta que dos años mas tarde del nacimiento de Edea, llegó Wulfric, el último regente de la casa Ormond que las tierras circulares vieron.
Es complicado definir exactamente qué pasó la noche que todo inició. Pues a diferencia de otros hechos como las guerras bastardas en el lecho del barro en las tierras Braña, esta usurpación dio lugar en una boda. Ser Let de la Laguna pudo ser testigo, el caballero/maestre vivió gran parte de su vida junto Wulfric, por ello temo que este extracto sufra de opinión y susceptibilidad de dicho maestre. A nuestra desgracia, es lo único que tenemos.
Ser Let relata que la casa Ormond estaba muy ligada a la casa Bril, generaciones pasadas y posteriores se entrelazaron entre si. Por ello no era de sorprender que esa noche se celebrara la unión de una Ormond, Estrilda, con un Bril, Valric. En aquel entonces Wulfric ya tenía a sus vástagos, se decía que la Intención había tenido que ver pues fueron once hijos los que su amada Berilda (también Bril) pudo dar a luz, muchos de ellos mellizos. Un dicho muy popular que ha transcurrido hasta hoy, fue de las matronas de Berilda. Pues se decía que si Berilda pudo aguantar once hijos, donde cuatro de ellos nacieron el mismo día, cualquier mujer podía dar a luz pese el dolor que sintiera.
Estrilda y Valric se casaron frente la primera luna, y la usurpación inició cuando la segunda estaba por aparecer (o así afirmó uno de los guardias de la boda). El problema fue que le festividad acabó tarde, por eso acostaron a todos los recién nacidos pronto, el ruido de los juglares, de la orquesta contratada y las risas y gritos de diversión no eran ambiente para unos recién nacidos. Entonces fue cuando sucedió. Mientras todos festejaban y los ocho bebés de Wulfric dormían, Caelus Solera, junto con la ayuda de dos juglares de la propia fiesta, siguieron el entramado de pasillos y puertas secretas de la gran fortaleza Ormond. Fueron a las habitaciones de los ocho bebés, y los degollaron uno por uno. Entonces, el juglar tomó todas las cabezas, que eran tan pequeñas como para caber en una palma, y las guardó en un saco de heno. Dicen que el otro juglar ayudó a Caelus Solera a salir del castillo, dicen que los guardias no detuvieron al juglar que portaba las ocho cabezas en un saco goteando en sangre. Pero lo que si recuerdan todos, es cómo el juglar, que volvió a la fiesta con el saco, subió al escenario con las cabezas, y abrió el saco dejándolas caer por el escenario.
Ocho días tardaron los cuervos en comerle las tripas al juglar, y ni en un solo día dijo nada. Lo colgaron de una cruz fuera del fuerte negro, frente a un enorme ejército que llevaba marchando desde hará semanas, con un estandarte dorado, con el estandarte Solera.
Si bien hemos mencionado que Wulfric tuvo once hijos, pero al alba de la boda no le quedaba ninguno. El heredero, Walden Ormond, había muerto, y si Wulfric fallecía, dado que solo le quedaban hermanas y Wilmot, su padre había muerto, la casa Ormond se extinguiría. Y Cassian Solera lo sabía muy bien.
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Aquí termina lo escrito. La historia, no.